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Der Samurai

Masculinizando a nuestra Cenicienta

Der Samurai

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Der Samurai

Todos los años, el Tribeca Film Festival (al igual que la categoría Next, del Sundance Film Festical) apuesta por una película indie de ese estilo lynchiano-experimental tan reconocible, obteniendo resultados, en la mayoría de ocasiones, dudosos. Y ello a pesar de la originalidad que suele ser inherente a dichas propuestas, y del montón de aplausos y polémicas que recogen anualmente (muchas de ellas consiguiendo, incluso, que las carreras de sus creadores despeguen). Como ejemplos recientes podríamos citar Mr. Jones (que quizás se trate de la peor película que podremos ver este mismo año) o Resolution. Este año le llega el turno a la alemana Der Samurai - cuyo trailer ya provocó una profunda extrañeza – , película indie que se financió con la ayuda de los amantes de este grandioso género – nosotros – y cuyo resultado final hoy estamos en disposición de evaluar.

Der Samurai es una película compleja y que sobre todo demanda receptividad por parte del espectador. En mi caso era más bien curiosidad por saber qué podría encontrarme en una película con un travesti (Pit Bukowski) armado con una catana; y de hecho lo mejor que puedo decir de Der Samurai es que el travesti en cuestión es lo mejor de la experiencia. La película gira en torno a un policía local de una pequeña localidad de la Alemania profunda (que siempre suele ser de lo más terrorífica: Nothing Bad Can Happen), con un vida privada monótona y aburrida, enteramente dedicada a cuidar a su abuela. En la actualidad investiga los crímenes domésticos de un lobo que acecha al pueblo destrozando los jardines de los habitantes; sin embargo, nuestro policía, en lugar de ponerse a la caza del lobo, lo alimenta, y es entonces cuando recibe un paquete con el remitente del “Lobo Solitario”. Y como suele suceder en estos casos, al final, la guerra torna la paz lo que la hoguera en cenizas.

Lo mejor: Pit Bukowski,el samurai.

Lo peor: la ambigüedad del final y el momento Cenicienta (aún sigo sin saber cómo digerir aquello).


Big Bad Wolves

Los maníacos solo temen a los maníacos

Big Bad Wolves

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Big Bad Wolves

Con motivo del estreno de Big Bad Wolves en España, reeditamos la reseña de la película publicada originalmente el 29 de septiembre de 2013.

¿Qué esperar de la que muchas voces señalaban como una de las mejores películas del año? Nadie se imagina la cantidad de veces que me hice esta pregunta antes de ver Big Bad Wolves. Cuando comentamos una película de la talla de Big Bad Wolves (ganadora en diversos festivales, como por ejemplo el Fantasia International Film Festival), generalmente tendemos a malcriar al espectador aumentándole esas odiosas expectativas – siempre y cuando el autor sea partidario de ésta, evidentemente – sin percatarnos en las consecuencias que ello conlleva, y que casi siempre culminan por incitar a los lectores a “recriminar” la crítica, puesto que en esta vida hay gustos y decepciones de toda clase. Yo, como hago siempre, no pretendo engañar a nadie, ni tampoco faltarle el respeto a mi propio criterio, y por lo tanto diré, en primera instancia, que el éxito de Big Bad Wolves no siempre estará garantizado. Empero cercioraré dos cosas más: la primera es que lo que se propone Big Bad Wolves no dista de todas aquellas películas sobre venganzas y pedofilia que hemos visto en ocasiones anteriores (tales como “Asesinato en 8 mm”, “7 days”, “Snowtown”… etcétera); y lo segundo, es que se trata de un ejercicio cinematográfico excelente.

Es inevitable no tener dudas o sentirse desubicado cuando la expectativa que arrastras a la hora de ver una película mide lo mismo que un rascacielos, y no negaré que hubo un par de momentos en los que miré a la pantalla decepcionado. Pero por suerte para mí supe pillar la donosura del juego con celeridad pasada la primera media hora. Entonces sí que tuve la oportunidad de recostarme en mi asiento, sonriente…, la cosa había dado un giro copernicano. Y ésa es la principal razón por la que no le he dado a Big Bad Wolves la máxima nota, precisamente porque la excelente película de Aharon Keshales y Navot Papushado espera con demasiada latencia al espectador bajo un ritmo algo vago – que no extremadamente lento…, en realidad ni siquiera lento – y eso le impide llegar a la deseada perfección. No es hasta bien entrados en la película cuando uno capta cuál es la trama que está siguiendo, y es entonces cuando uno empieza a ser consciente de la volátil bomba de relojería que tiene deslizándose entre las palmas de las manos: tic, tac, tic, tac… Dicho esto podríamos sucintarlo diciendo que Big Bad Wolves se mueve sigilosamente, quizá demasiado (lo que pretendo decir es que de su ritmo dependerá la parcialidad de todo su éxito, es el contrapunto crucial de la película), pero cuando ataca muerde donde más duele y con sangre de por medio.

Lo mejor: Todo. Es una ganadora, tanto como cuando quiere hacer reír, como cuando quiere ir a matar. Difícilmente podrá ser superada, es una cinta de la que sus creadores.

Lo peor: Me parece descarado responder a esto.


Styria

Amor requiere sacrificio

Styria

En 1989, una enajenada joven de 16 años llamada Lara Hill (Eleanor Tomlinson) se adentró junto a su padre (Stephen Rea), un historiador de arte, en un abandonado castillo atravesando la “Cortina de Hierro”. De un acccidente de coche en las afueras del castillo surge la enigmática y bella Carmilla (Julia Pietrucha). Es entonces cuando las dos jóvenes inician una relación tóxica; pero cuando Carmilla desaparece misteriosamente, las heridas mentales de Lara erupcionarán en una pesadilla viviente que consume desde años a la ciudad de Styria.

Hay una cosa que, de entrada, adoro de Styria, y es que un proyecto de esta naturaleza “requiere arriesgarse”; y eso, en cierto modo, suele demostrar la pasión y el esfuerzo que uno pone en el trabajo que realiza. Mauricio Chernovetzky y Mark Devendor afirman ser dos grandes fanáticos de la obra de Le Fanu, Carmilla, novela que inspira la película que hoy nos ocupa. Una obra literaria que he defendido a capa y espada en varias ocasiones y que dio orígen a la que actualmente es una de mis películas favoritas de comienzos de los 70: Lemora, un cuento sobrenatural. En conclusión, era prácticamente inevitable que me fijara en Styria. Sin embargo esa fijación personal por la obra de Le Fanu también comporta un riesgo: suelo mostrarme, quizás, demasiado exigente con este tipo de producciones. No obstante intuyo que Styria propone otro tipo de giros a los habituales cuando se trata de adaptar Carmilla. Más allá de la inocencia corrompida por un ente oscuro y sensual, Styria parece decantarse por el terror psicológico de una mente inestable y lo dificultoso de convertirse en una mujer en un momento insano y tenebroso, cuyas reminiscencias dieron lugar a grandes clásicos del género de casas encantadas como The Innocents. Es posible que esta perspectiva que parece tomar Styria reste parte de esa potencia sexual, lésbica y explícita que contenía la obra de Le Fanu (recordemos que la película de Richard Blackburn, Lemora, fue censurada por contener una escena sexual lésbica con una menor de edad), lo que no implicaría un inconveniente en sí mismo siempre y cuando se supla con ingenio, sagacidad y se sepa sugerir lo debido (véase la propia Lemora, cuya escena sexual anteriormente mencionada jamás vió la luz, y sin embargo la película sigue siendo una genialidad con todas las letras).

The Machine

Creada para matar

The Machine

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

The Machine

La robótica ha sido uno de los temas predilectos del cine desde tiempos antediluvianos, sobre todo desde aquel clásico alemán, Metrópolis (1927) – una película nacida por y para el futurismo, todavía hoy plenamente vanguardista –, la cual es objeto de homenaje por la película que hoy nos ocupa, The Machine, con opulencia y reiteración. Con el paso de los años a Metrópolis le sucedieron cientos de clásicos, desde la saga Star Wars, al Blade Runner de Ridley Scott (con el que también encontramos ciertas similitudes con The Machine), la saga Terminator y por último A.I. Inteligencia Artificial, película con la que Steven Spielberg se alejaba del cine de acción para indagar en un concepto mucho más dramático: el del robot que quiere ser humano (además de desarrollar el concepto de “empatía” de una manera excelente). El gran logro de The Machine ha sido aportar su granito de arena dentro de un subgénero abarrotado, aun cuando muy a su pesar no deje de ser casi como un Metrópolis de nueva generación, pero siempre destacando que Caradog W. James juega sus cartas meritoria y minuciosamente.

The Machine es una película muy inteligente. Puede parecer que partimos de un guión alocado, que se mueve sin mesura; cuando en realidad la película gira en sentido rotundamente contrario. La premisa parte de una guerra fría. Una guerra tecnológica, mediada por el hombre, que sitúa a The Machine en el mejor escenario posible: una distopia cuyos avances tecnológicos se ven como la solución al conflicto; pero que finalmente acaban revelándose como la causa principal del mismo. En el fondo The Machine es una crítica tanto al hombre como al uso indebido de la tecnología. Ese hombre déspota y egoísta incapaz de sentir la menor afinidad por nada más allá de su propia y ruin existencia. Ese hombre que opta por luchar con máquinas porque no es capaz de afrontar y solventar los conflictos por sí solo. Y ahí es precisamente donde entra el concepto de “La Máquina”, un artefacto que no es humano pero que acabará ofreciéndole al frívolo mundo en el que ha sido creado una lección de humanidad. Asimismo otro de los ambiciosos objetivos de The Machine es el de redefinir el concepto de “ser humano” por medio de lo que se conoce como “cyborg”, logrando su objetivo y demostrando, nuevamente, poseer un guión inteligente y bien escrito.

Lo mejor: todo, está muy lograda y la versatilidad de la señorita Caity Lotz es inconmensurable.

Lo peor: el final es demasiado cómico, desentona mucho, pero ésa era la intención.