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Railway Children

La infancia decadente es una realidad

Railway Children

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Railway Children

Railway Children es un curioso drama indie-postapocalíptico que nos llega desde Irlanda de la mano del director Jason Figgis, del que aprovecho para recordaros que su nueva película The ecstasy of Isabel Mann se encuentra aún en proceso de financiación vía Indiegogo, por si os animáis a contribuir. Lo mejor de encontrarse con una película como Railway Children es lo arriesgado de su argumento. Quizá suene algo estúpido, o incluso a simple patochada en una primera instancia; pero os aseguro que el argumento de Railway Children es lo suficientemente original como para incitarnos a darle una oportunidad. Os pongo en situación:

Dos hermanas, Evie y Fran, han perdido a sus padres tras un cataclismo viral que ha afectado a todo el planeta. Ahora lo único que les queda es vagar de aquí para allá, en busca de recursos y de un cobijo seguro. Hasta que, por fin, llegan a una casa atestada de niños y adolescentes como ellas.

Otra característica trascendental del argumento, que además da título a la película, radica en observar como, a medida que Evie y Fran se adentran en esa nueva realidad que les ha tocado vivir, irán leyendo pasajes del libro The Railway Children, de Edith Nesbit. Es evidente que lo que busca Figgis con la idea de introducir el libro de Nesbit en la vida de nuestras protagonistas es establecer una unión mucho más intimista que la sempiterna relación libro-lector, principalmente porque la obra de Nesbit servirá a Evie y Fran como vía evasiva y empática con la que hacer frente la distopía en la que se encuentran sumergidas. Lo que Evie y Fran encuentran en la novela de Nesbit es la esperanza de recuperar a sus padres, y de ahí nace su motivación por introducir el libro en sus vidas. Es más, llega a ser tal la evasión a la que les induce el libro que incluso veremos, durante el transcurso de la película, cómo priorizan su lectura a la necesidad de saciar su hambre, olvidándose por completo de la realidad.

Lo mejor: Su originalidad

Lo peor: No arriesga lo suficiente.


Blood for Irina

El que ha naufragado tiembla incluso ante las olas tranquilas

Blood for Irina

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Blood for Irina

Nunca creí que, a día de hoy, pudiese encontrarme una película tan inusitada como Blood for Irina. Indudablemente ha supuesto uno de los mayores retos que he tenido que afrontar como espectador en los últimos tiempos. Es una propuesta muy arriesgada, anclada en un tipo de cine y de espectador muy específicos. Tal es así que, actualmente, me resulta imposible encontrarle un espectador afín; sin embargo nunca negaré su existencia (estoy seguro de que, finalmente, encontrará un receptor que sepa apreciar sus cualidades). Blood for Irina es una película de premisas absolutamente obsoletas y experimentales. Os recuerdo que nos encontramos ante una película muda y de ritmo muy lento, una combinación francamente laboriosa que para los espectadores más triviales estará directamente abocada al fracaso. Por lo que tener la oportunidad de reseñar Blood for Irina con intenciones ecuánimes y analíticas, es toda una odisea para mí; pero se intentará…, al menos doy mi palabra de no ser excesivamente riguroso con ella.

Irina es como una ola; es ese tipo de personaje que vive inmerso en la tragedia, vuelve y regresa continuamente de ella, pero nunca es capaz de alcanzar la tierra. Es un personaje envuelto dentro de lo convulso, de lo caótico y de la muerte en vida; un monstruo plenamente romántico. El resto de personajes que acompañan a Irina en su viaje son como ratas de la sociedad sumergidos bajo los suburbios, alejados del bullicio y atrapados por un presente malsano. Todos se encuentran ocultos tras la penumbra, en un escenario de decrepitud e inmundicia, pero atentados, todos ellos sin excepción, por la irrupción de Irina en sus vidas. Es evidente, que la intención de Chris Alexander (editor y crítico de la revista Fangoria) era seguir los pasos de Jesús Franco, actuando como epígono de su tipo de cine; y es por eso que nuestra Irina nos recordará mucho a la Irina de Franco: Lina Romay. A lo que se añade alguna que otra influencia, sobre todo a nivel visual (maquillaje, ambientación…) como la del Nosferatu de Murnau (1922) o su respectivo remake de 1979; y alguna referencia al cine vampírico más coetáneo, como El Ansia (Tony Soctt, 1983).

Lo mejor: La banda sonora.

Lo peor: El ritmo y la duración, en el fondo solo debería haber durado 20 minutos, el cómo consiguieron extenderla tanto... un misterio.


The Ecstasy of Isabel Mann

Vampiros, adolescentes, luz del día... pero sin destellos

The Ecstasy of Isabel Mann

Isabel Mann es una adolescente seducida por una violenta secta de vampiros capaces de caminar a plena luz del día. Sus compañeros de clase empiezan desaparecer de manera violenta, y tras la pista de los horribles asesinatos andan dos detectives; Witham, quien cree que Isabel es la principal sospechosa, y Barrett, quien tiene sus dudas acerca de la joven. Pero todo se volverá caótico cuando Isabel enloquezca y mate a todos aquellos que merodeen por el bosque cercano a su casa, ayudada por sus vampiros guías: Mirjana y Alejo, encargados de adiestrarla en el horrible arte de la matanza.

Mezclar en una misma sinopsis los conceptos “adolescente” y “vampiros que caminan a plena luz del día” entraña un evidente peligro. Pero una vez vistas las primeras imágenes de The Ecstasy of Isabel Mann, la nueva película del irlandés Jason Figgis tras su galardonada Railway Children, rápidamente se desvanece cualquier miedo crepuscular. Es cierto que hay adolescentes y que hay vampiros, pero The Ecstasy of Isabel Mann promete un cuento vampírico repleto de violencia y gore. Algo así como una versión indie y hardcore (veremos hasta qué punto) del clásico Jóvenes Ocultos de Joel Schumacher que muy poco tiene que ver con vampiros paliduchos, enamoradizos y resplandecientes.

Dead Shadows

La invasión de los ladrones tentaculares

Dead Shadows

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Dead Shadows

Definitivamente, “el cine francés de género ha muerto”. ¿Para que negarlo? Bien es cierto que es incapaz de trasmitir las mismas sensaciones que le hicieron grande hace escasos años, pero lo más triste es que, concretamente, murió el pasado año, y pocos fueron los que supieron reconocerlo. Aún recuerdo que hace tan solo dos o tres años estábamos todos ansiosos esperando la siguiente francesada repleta de acritud malsana; pero de eso hace ya… tanto, tanto tiempo, y han sido tantas las decepciones y los subproductos que nos hemos tenido que tragar como acérrimos fanáticos en los últimos tiempos, que no entiendo porqué llegué a pensar que Dead Shadows sería algo más que un filme mínimamente entretenido. Dicho esto podemos concluir que eran absolutamente exorbitantes las expectativas generadas y que, como aficionado, aún conservaba la esperanza de encontrarme con un grado de irreverencia y brutalidad similar al de aquellos títulos que pusieron al país vecino en la cúspido del horror durante la primera década del s. XXI (Frontier(s), A l’Interieur, Martyrs…). Siendo objetivo, es palmario que no ha sido así. Finalmente solo ha resultado ser lo mismo de siempre… y poco más. Al final siempre acabamos obcecándonos con la misma piedra.

Dead Shadows es rotundamente decepcionante. Puedo entender que para alguien que no esperase gran cosa y tuviese ganas de ver algo bizarro le haya resultado estimulante, arriesgada e incluso de lo más entretenida. Pero de ahí a calificarla como “una de las películas del año” hay un vacío absolutamente colosal. Era flagrante que del argumento no podía esperarse gran cosa, así que lo único que cabía esperar era una buena dosis de gore y una serie de requisitos o elementos que compensasen las evidentes carencias del guión (especialmente unos buenos efectos especiales, o una buena ambientación). Y como enunciaba con anterioridad, al final ha sido el guión el que se ha comido al gore. Desafortunadamente todo se reduce a: “lo mismo de siempre”, todo ello bajo un apartado técnico francés de serie b, algo de CGI para intentar remediar el asunto y, redundantemente, otro “y poco más”. El guión sigue los mismos cánones que impusieron sus inmediatas antecesoras (como son los típicos 30-40 minutos de introducción) reservando a la previsible sorpresa final el papel de guinda del pastel que logre destacarla de la mediocridad. El problema está en que, a pesar de ello, Dead Shadows sigue siendo una mediocridad.

Lo mejor: Su corta duración.

Lo peor: El CGI