Los Ojos de Julia

Velas que se encienden, ojos que se apagan

Los Ojos de Julia

El festival de Sitges 2010, abrirá sus puertas el próximo siete de octubre, con una fuerte apuesta por el cine español (como ya hiciera con “El Orfanato” en 2007). La gala de inauguración tendrá como principal estrella a Belén Rueda y su nuevo papel en el thriller sobrenatural “Los Ojos de Julia”, dirigida por Guillem Morales; otro conocido de Sitges, donde se dio a conocer con “El habitante incierto”, cosechando críticas muy positivas.

Slice

Santos Pecadores

Slice

Vivir en Tailandia tiene que ser muy jodido. Si pensáis que estoy exagerando, echarle un ojo a esta noticia sobre una mujer que vendía fantasmas de niños, o las escalofriantes cifras de explotación sexual infantil del país, o de vez en cuando echarle un ojo a este periódico. Así que cuando nos llegan películas como esta con una historia tan enfermiza y cruel, uno no puede más que confirmarlo: vivir en Tailandia tiene que ser un infierno.

Chatroom

Los peligros de Internet

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Siendo sinceros al 100%, hay que reconocer que esta incursión de Hideo Nakata en Hollywood no da muy buena espina, como suele pasar con casi todos los directores orientales. No sé si es que no se adaptan a la mentalidad disoluta de los americanos, en contraposición con el hermetismo y concienzuda seriedad de los nipones, o que sencillamente aceptan los proyectos para forrarse y luego hacer lo que les de a ellos la gana. Pero, por lo que he leído hasta ahora las críticas se debaten entre mediocre y cojonuda (siendo esta la opinión de los fanáticos del director, entre los que me incluyo desde que vi DARK WATER en VHS, sin subtítulos, y pasé un miedo de tal nivel que casi no recordaba), pero con que este a su nivel habitual me vale.

Phasma Ex Machina

Cuando solo quedan fantasmas

Phasma Ex Machina

Somos seres humanos y nos fascina la muerte. Desde su sentido más carnal, como el hecho en sí, hasta la interpretación de la misma como una transición. En nuestra irremediable condición de animales conscientes, nos cuesta admitir que la muerte represente el final de nuestra personalidad bajo la podrida techumbre de nuestro cadáver. Por ello, buscamos un remedo de trascendencia, más allá de nuestra carcasa en descomposición. Más si cabe cuando aun estamos vivos y un ser querido nos deja para siempre, sin poder oír su voz, a falta de su calor, sin poder tocarlo, besarlo u oler el aroma de su piel…