Jeffrey Combs

Un tributo

Jeffrey Combs

Ojala estas líneas, estos párrafos inconexos, sirvan de homenaje a uno de mis actores vivos favorito, y casi exclusivo al cine de terror. Uno de los tres caballeros, miembro del tridente del cine de terror contemporáneo. Si a un lado tenemos a Robert “Freedy” Englund y, en el segundo lado del triunvirato, tenemos a Bruce “Ash” Campbell; muchos ya le habréis puesto cara al actor que preside la última esquina del triangulo y, por ende, protagoniza este artículo (vale, con el título del artículo esta revelación no viene a ser algo sorprendente): Jeffrey “Dr. West” Combs.

Aquí comienza el artículo pseudo biográfico dedicado al actor fetiche de luminarias como Stuart Gordon ó William Malone. Como fan del horror no podía dejar pasar muchos tiempo más sin escribirlo. Para vosotros que descubristeis a Combs a través de la inocencia…

Arrastrandose

Hoy tenemos una nueva incorporación en nuestra sección de relatos de terror. Su nombre es J.M. Debaruch, escritor, pintor y arqueologo ocasional, cuya última novela on-line podéis seguir en la siguiente dirección: Sometimes.
Os dejo con la presentación del propio J.M. Debaruch… ¡Bienvenido!

De profesión arqueólogo discontínuo. Escribo desde que tengo uso de razón, es decir, la semana pasada. Es broma, la verdad es que no lo recuerdo, era muy joven y poco original. Empecé a tomarlo en serio hará diez años y siempre he tocado la temática de terror exepto en dos ocasiones (La casa Amarilla, y psiquica) para concursos literarios fuera de este orden.

La necesidad diaria de una ingesta mínima de proteíanas me ha llevado a trabajar en una web de viajes (reserva123.com) en cuyo blog voy a empezar a publicar una novela interactiva de viajes (fuera de la temática truculenta que tanto nos gusta, pero hay que comer ¿no?) y también publico online la siguiente novela que voy a autoeditar “Sometimes”. Me gusta desarrollar mis personajes, por lo que no suelo hacer cuento corto, y pocas veces he aspirado a otra cosa que no sea entretener porque el resultado suele quedar demasiado “pretencioso”.