Giallo

Amarillo Pálido

Giallo

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Giallo

Después de El Sídrome de Stendhal (1996), cada vez que Dario Argento se sitúa tras algún proyecto, siempre alguna voz clama: por fin, el regreso del auténtico Dario Argento. Exceptuando su versión de El Fantasma de la Ópera (1998) –esa no había por dónde cogerla-, esto ha sucedido con Insomnio (2001), en El Jugador (2004), los dos capítulos que dirigió para Masters of Horrors, La Terza Madre (Mother of Tears, 2007) y, ahora, en Giallo. Son demasiados títulos dudosos, ¿no?, y más teniendo en cuenta que, en la mayoría de ellos, la supuesta recuperación se basa en destellos brillantes aislados. A estas alturas, a alguien que nos ha entregado películas tan válidas y absorbentes como Inferno o Tenebre no se le exculpa por detalles: se le exigen, como mínimo.

Giallo arranca bien: dos chicas japonesas van a la ópera pero, como es su última noche en Turín y les aburre un poco la representación, deciden irse de juerga. En una discoteca, una de ellas conoce a un chico y la otra decide volverse al hotel. Para ello, pilla un taxi… y ese es el comienzo de su final. Es una escena bien narrada, con clase si me apuras, algo de lo que Argento no suele hacer gala demasiado a menudo. Así, mientras descubrimos que el conductor de ese vehículo no es, precisamente, un taxista, conocemos a Celine (Elsa Pataky) en mitad de un pase de modelos, y a su hermana Linda (Emmanuelle Seigner), que acaba de llegar a la ciudad y se va al piso de la primera a esperar a que termine el desfile.

Lo mejor: breves destellos... sniff.

Lo peor: la desgana y apatía que destila el resto de la cinta.


Esperando al tren

Esperando al tren

En estas fechas festivas y con el clima descontrolado al que estamos sometidos, me vienen a la cabeza imágenes estáticas, que tengo grabadas en la mente, de mis viajes en tren. Por así decirlo, postales navideñas melancólicas. En concreto, de las estaciones abandonadas que han ido quedando a la vera de raíles oxidados. ¿Qué mejor ubicación para una breve historia de fantasmas?

Espero que os inquiete ó, en todo caso, haga que miréis más atentamente por las ventanillas cuando viajéis en tren…

2084

Instrucciones para superar el apocalipsis en familia

2084

Los amantes del género post-apocalíptico en su versión pandemia vírica estamos de enhorabuena. Tras el buen sabor de boca que nos dejó a muchos de nosotros el Infectados (Carriers) de los hermanos Pastor, ahora le toca el turno a la película independiente 2084, dirigida por George Blumetti.

2084 vuelve a echar mano de un argumento universal para situarnos en un panorama post-apocalíptico, provocado por un agente altamente infeccioso, y en el que los gobiernos de todo el mundo han aconsejado a las famílias que se refugien en sus casa y no salgan al exterior bajo ninguna circunstancia.