Drifter

Mad Menox

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Drifter

En el futuro la Tierra es poco menos que un enorme desierto donde los supervivientes viven rapiñándose entre ellos. Un par de hermanos, forajidos para más señas, buscan refugio temporal en un desolado pueblo habitado por una pequeña familia de locos psicóticos y caníbales.

Es de dominio público mi genuino aprecio por los desmanes italianos de la década de los ochentas, la italoexploitation, influencia directa de las tardes muertas frente a las estanterías de roñosos videoclubes diseminados por la ciudad que me vio crecer. En dichas sesiones de estudio de carátulas, y posteriores pesadillas servidas en bandeja por una febril imaginación, destacaba por encima de todas la sección de terror, donde Fulci, Deodato o Castellari influenciaba mi joven mente con sus particulares reinterpretaciones de lo que consideraban los éxitos de Hollywood dentro del género. Y aunque no se afiliaba al mundo de lo macabro o la ciencia ficción oscura, un subgénero concreto proliferó con una fuerza sorprendente desde las portadas plagadas de moteros musculosos y mutantes de medio pelo. “Mad Max” partía la pana en 1979, algo a lo que no fueron ajenos nuestros simpáticos espoliadores, dando a luz a decenas de títulos de dudoso gusto, resultados pobretones y escasa coherencia como “1990: Los Guerreros del Bronx”, “Rats – Notte di terrore” o “2019: Tras la Caida de Nueva York” (¿qué extraña obsesión sienten los italianos por ver caer la Gran Manzana?).

Lo mejor: La fotografía, ofrece bonitas vistas del desierto.

Lo peor: Una ambientación sonora oligofrénica.


Life

¡Marchando una de sepia!

Life

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Life

La lista de películas a rebufo de Alien el octavo pasajero es tan extensa como decepcionante. Todos los años asoma al menos una producción con reparto vistoso encerrado en alguna instalación a merced de la criatura de turno. En casi todos los casos el interés y la tensión se esfuman antes de llegar a la mitad del metraje y, pese a entretenernos, son mínimos los títulos que llegan a alcanzar alguna pregnancia en nuestra memoria. Pues bien,Life logra salir triunfante en este aspecto y además lo hace sacando una muy buena nota. Se apoya, sobre todo, en un sensacional diseño de producción y en transmitir una sensación de realismo y opresión a lo largo de toda la aventura.

Un satélite trae a la estación espacial internacional una célula recogida en la superficie de Marte. El estudio de este primer espécimen extraterrestre es tan estimulante como en apariencia inocuo. Pero en cuanto la célula encuentra una temperatura agradable y una generosa cantidad de oxígeno y agua comenzará a crecer y a mostrar una naturaleza agresiva que pondrá en peligro no sólo a los científicos que la custodian sino también al resto de la humanidad, en caso de alcanzar nuestra atmósfera.

Lo mejor: Entretiene de principio a fin pese a algún bajoncillo. Excelente factura y un guión sencillo sin demasiado aderezo.

Lo peor: Algo forzada la huida del ser y algunas licencias.


Backwood Madness

De saunas y trolls

Backwood Madness

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la fría Finlandia, termina por detonar un conflicto entre hombres y criaturas del bosque, una larga batalla que viene de largo. Contra los trolls y goblins, un hombre buceará en su pasado para alcanzar su destino como el último defensor de la humanidad.

Ante el reclamo de originalidad parece que los fineses acuden al rescate con su reinterpretación del terror en clave folclórica, una visión de bajo presupuesto pero que puede sacar la cabeza por encima de la media gracias a la experiencia de su director y guionista, Ari Savonen, como especialista en maquillajes protésicos. Aquí encontramos a los típicos goblins y trolls nórdicos que traen recuerdos de “black metal” y violencia, poco buen rollo para el hombre en esta historia capaz de mezclar cine bélico con el género fantástico oscuro, quién sabe en qué grado terrorífico. Lo que podemos asegurar en este punto, dadas las declaraciones del autor, es una buena cantidad de hemoglobina, siempre en pro de una fidedigna reproducción de la brutalidad inherente a la guerra. ¿Nos saldrá por el lado gore?

Flesh of the Void

¿Existe todavía algo extremo?

Flesh of the Void

La adolescencia, la juventud en general, provoca en el hombre un fuerte deseo de experimentación, beber la vida en todo su apogeo. Una explosión de lozanía y fuerza que marca el largo camino hacia la vejez y, posteriormente, la defunción. Quizás por aquello del equilibrio entre opuestos, algunos desarrollamos una malsana afición por lo macabro cuando llegamos a esos años adolescentes, interesándonos por el terror en cualquiera de sus formas, pero siempre ahondando en su lado más salvaje. Luego la pasión adopta otras formas y el placer por pasajes más ambientales bien merece alejarse de vísceras y cabezas partidas por la mitad.

En mi caso, cuestión meramente unida a la época, fue ahondar en el mondo y el gore alemán lo que despertaba mis bajos instintos. Una copia maltrecha en VHS de “Guinea Pig”, “Nekromantik” o “Aftermath” representaba una auténtica delicia para los sentidos, poco preocupados por argumentos con tantos años por delante. Pues bien, aunque “Flesh of the Void” no tenga nada que ver con mis arrebatos adolescentes en concreto, si me parece que exuda una malsana fascinación por la muerte, “el vacío”, que refleja a su vez ese oscurantismo al que algunas personamos nos abandonamos durante nuestra juventud. Una extensión industrial de una canción perteneciente a los “Christian Death” de principios de los noventa.