Rabbits

Conejo a la Lynch

Rabbits

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Rabbits

Vaya por delante mi intención de no ofrecer una lectura profunda, ni siquiera aclaratoria, sobre una de las obras más enigmáticas y abiertas de David Lynch. ¿Cómo podría hacerlo cuando “Rabbits” representa el epitome de la narrativa experimental? No poseo el discernimiento suficiente para poner en orden una experiencia a la que cada espectador dará su propio significado personal. Ahí radica su grandeza: colisionar con el mundo onírico. Casi, si me apuráis, “Rabbits” es el ejemplo perfecto del hermetismo, entendido como un arte científico cercano a la alquimia. Dónde no importa el orden si no el caos, manipulado para que se transforme en puerta de una vivencia distinta, integral porque nace del interior. En definitiva, palabras vanas que pondrán malo a más de uno, y que tampoco deberían ocultar la soberbia y prepotencia que destilan este tipo de proyectos, odiosos para algunos al negarse a vender una historia masticada. Incluso, y ese es el mayor detrimento de Lynch cuando se vuelve muy Lynch, nos quedamos con la duda de si estamos ante una historia o simplemente un performance. La cuestión es entretenerse por el camino, y “Rabbits” posee un magnetismo que, al menos en mi caso, ha funcionado gracias a su precisa estructura y más que ajustada duración.

Lo mejor: La ambientación sonora de Angelo Badalamenti y la sórdida iluminación.

Lo peor: Tan hermética que a veces roza la tomadura de pelo.


Parasites

The Warriors versión 2017

Parasites

El barbarismo industrial del centro de Los Ángeles es, a partes iguales, víctima y castigador en este cruel cuento de supervivencia a cualquier precio en el que un grupo de jóvenes atletas se pierde entre sus callejuelas, siendo víctimas de una pandilla de desemparados que les capturan y les mutilan… uno tras otro. Uno solo de los muchachos logra escapar, a pie, denudo y desarmado; y con tan solo unos segundos de ventaja sobre sus perseguidores. ¿Podrá sobrevivir a este coliseo del horror?

Bajo el siempre equívoco epígrafe de “Basada en hechos reales” se presenta Parasites, la nueva propuesta de un tipo al que ya estábamos echando de menos: Chad Ferrin. ¿Que quién es Chad Ferrin? Pues el cafre que andaba detrás de aquella locura de 2009 —ha llovido mucho— titulada Someone’s knocking at the door. Supongo que la experiencia de Someone’s no acabó de funcionar muy bien (su salvajismo, locura y depravación se ganó un pequeño grupo de irreductibles fans… y una extensísima mayoría de aficionados que la odiaron a muerte), porque el bueno de Ferrin ha tardado la friolera de 17 años a ponerse tras una cámara.

El Legado del Diablo

Satán CGA

El Legado del Diablo

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

El Legado del Diablo

“El Legado del Diablo” (“Evilspeak”) es una película de serie B que refleja con bastante fidelidad la afición que a principios de los ochentas, 1981, se desarrollaba por mezclar la figura del diablo, las computadoras y el cine de terror para adolescentes. A disposición de recursos bastantes holgados gracias a la inversión del empresario libanés Sylvio Tabet, que ya probó cierto éxito financiero con su mecenazgo de “El Señor de las Bestias”, el resultado final no es tan acartonado como podríamos esperar, encontrándonos con un surtido número de extras, detalles muy positivos en el apartado de efectos especiales y una dignidad inusual, en lo que a películas casposas refiere, alrededor de su diseño de producción. Siempre que, por favor, tengamos en cuenta el nivel de evolución de los ordenadores personales por aquel lejano 1981, antes incluso del nacimiento del famoso “ZX Sinclair Spectrum”. Recordad que un poco de mugre siempre alegra el corazón del aficionado irredento al terror.

Lo mejor: La sangrienta compilación final.

Lo peor: La programación no está depurada.


I Was a Teenage Wereskunk

El primo cabrón de Pepé Le Pew

I Was a Teenage Wereskunk

Un adolescente es atacado por una mofeta maldita mientras termina la secundaria. ¿El resultado? Un horrible licántropo que aterrorizará al pueblo.

Para acabar el año nada tan reconfortante como una película tan mierdosa que hasta huele mal. Esta vez literalmente, porque “I Was a Teenage Wereskunk” sigue las andanzas de un hombre mofeta que siembra el terror en un tranquilo pueblecito de Estados Unidos. Obviamente una parodia del cine de terror de los años cincuenta realizada con cuatro duros, ningún estilo y mucha desvergüenza. De hecho, la película parece funcionar mejor como simple tráiler – el cual en el fondo, muy en el fondo, cae hasta simpático – que como largometraje. Muchas ganas habría que tener para soportar una broma alargada por encima de los setenta minutos.