Demon

Que vivan los novios

Demon

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Demon

Por fin ha llegado el día de la boda. Piotr (Itay Tiran) y Zaneta (Agnieszka Zulewska) van a casarse en una finca de la familia de ella, en Polonia. Piotr acude un par de días antes para encargarse de algunos preparativos. Aunque su relación es buena con Jasny (Tomasz Schuchardt), el hermano de Zaneta, el resto de la familia no parece aceptarle del todo, incluidos los padres de la novia. Sin embargo, no será este el peor contratiempo al que deberá enfrentarse: hay un invitado inesperado, un espíritu con ansias de venganza…

Demon es una película bastante peculiar. Comienza como una película de terror, pero tarda poco en revelar su verdadera identidad, una suerte de comedia gamberra y lúcida que, como bien la describió en su momento Tito Jesús, podría ser la versión paranormal de El Guateque (The Party, 1968, Blake Edwards). Y es que una de las primeras señales de que estás ante una película poco habitual es lo fluida que es la transición del terror a la comedia: en ningún momento chirría, y un servidor pocas veces ha visto que suceda con tanta naturalidad. Tras unos primeros minutos un poco neutros, propios de una película realista, llega la primera noche que pasa Piotr, el novio, en la casa de la finca donde tendrá lugar la celebración. Ahí tiene lugar el primer encuentro con el espíritu, y sucede en clave de terror.

Lo mejor: La celebración de la boda.

Lo peor: Cierta confusión a la hora de explicar los motivos del espíritu.


Scare Campaign

Comerciando con el miedo

Scare Campaign

El popular programa de televisión sobre bromas de cámara oculta, “Scare Campaign”, ha entretenido al público durante los últimos 5 años con sus arriesgadas ocurrencias. Pero a medida que entramos en una nueva era de la televisión, los productores se encuentran con más y más competencia online. Así que es hora de subir la apuesta, pero… ¿habrán ido demasiado lejos esta vez y se habrán metido con la persona equivocada?

Cada vez más de moda, todos hemos visto alguno de esos vídeos donde se desarrollan las bromas más rocambolescas para gozo del espectador anónimo, ávido de reírse a costa de los demás. Desde los clásicos de Summers, “Todo er mundo e gueno” y “Todo er mundo es mejor”, hasta la fecha la cosa ha evolucionado bastante, tomando unos derroteros que alcanzan el terror de forma directa, pues lejos de rodar con cámara oculta las reacciones del viandante a un enano encerrado en una jaula, ahora se estila en poner a desconocidos al límite del ataque cardíaco, ya sea con una pandilla de payasos asesinos o un ataque zombie en medio de un metro de Río de Janeiro. Cuando las películas de horror ya no aterrorizan, el nuevo límite es trasladar experiencias de alto voltaje a la vida real, pero, mejor todavía, sin el consentimiento de las víctimas. Uno pasea por YouTube, gran “culpable” de este auge de bromas macabras, y no puede evitar plantearse, entre risa y risa de cabrón, cuál sería su propia reacción ante los sustos a los que algunos son sometidos.

Bigfoot vs. Zombies

El peludo salvador de la humanidad

Bigfoot vs. Zombies

Un científico más o menos loco crea un liquidillo que convierte lentamente a las personas en rabioso seres hambrientos de carne. ¿Quién podrá detenerlos? ¿La Masa? ¿Las Cazafantasmas? ¡No! ¡Un felpudo con patas primo de Chewbacca!

Aquí no vamos a engañar a nadie, algunos os habéis quejado amargamente de que el bueno de tito Bob sólo os trae películas de mierda que llevaros a la boca. ¿Debería justificarme? Me gusta la ponzoña, pasado de rosca tras años de ver cientos de películas de terror, parando a ratos para liarme otro junto a los amigos de toda la vida, uno tiene el ojete tan dilatado que entra cualquier cosa. Lo que no me anula ni el sentido del gusto (o del tacto, mejor dicho) ni el sentido común: el 90% de películas que veo son horribles, una especie de tortura gozosa donde el masoquismo ha tenido un efecto perjudicial en mi forma de entender la vida. Pero sabiendo que hay un nutrido número de clientes en ciertos locales tailandeses decorados como celdas de tortura donde el cuero, el látex y los guantes de goma campan a sus anchas, creo que lo mío es “pecata minuta”.