Yellow

Con un par de jamones

Yellow

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Yellow

Un anciano busca de forma obsesiva a un asesino que atormenta las calles del Berlín de los ochentas. Conduciendo su coche, sigue el rastro de bellas mujeres muertas mientras analiza los mensajes de su acérrimo enemigo. ¿Quién es el ratón y quién el gato en esta persecución?

En 2012 nos llegaba este cortometraje, de veinte jugosos minutos de duración, con el neogiallo como bandera. Y es que la cosa venía calentita por aquella época, parecía que un nuevo interés por revitalizar los legendarios giallos de los setenta, mediante una estética más exagerada, se asentaba con sugerentes títulos como “Last Caress”, “Tulpa”, “Amer”, “Red Nights” o “Masks”. Aunque unos años después parece que este revival no ha cristalizado en una corriente concreta ni en grandes nombres, piedras en el camino como “Beyond the Black Rainbow” o “L’étrange couleur des larmes de ton corps” desvirtuaban los logros del neogiallo para convertirlo en una exagerada broma de vacuidad, resulta el momento adecuado para detenerse en “Yellow” como una de las obras que aglutina las dos vertientes de este homenaje a un cine que, probablemente mejor, no volverá.

Lo mejor: Sus impresionantes transiciones y su música, la cual va más allá del simple homenaje.

Lo peor: Un final que adolece de un tosco montaje y un giro surrealista poco equilibrado con el nudo.


Wes Craven, leyenda en nuestras pesadillas

DEP Maestro

Wes Craven, leyenda en nuestras pesadillas

El mítico cineasta especializado en películas de terror Wes Craven murió este domingo, según informó su familia en un comunicado. Craven, de 76 años, falleció rodeado de sus seres queridos en su casa de Los Ángeles, California, a causa de un cáncer cerebral, detalló la familia. Tenía problemas de salud desde hace tres años, pero continuó trabajando en diversos proyectos, incluidos algunos programas de televisión, una novela gráfica y una nueva película, The Girl in the Photographs, en la que hizo de productor y cuyo estreno está previsto para el mes que viene en el Festival de Cine de Toronto, Canadá.

Dirigiría su primera película, La última casa a la izquierda, a los 33 años. La película se tomó como fuente El manantial y la doncella, de Ingmar Bergman para contar el relato de unos padres que planifican una sangrienta venganza contra los asesinos de su hija. Una ópera prima que definió claramente por dónde se orientaría su posterior carrera y que supuso un auténtico shock, ya que el terror ni era de origen sobrenatural, ni era una visión cinematográficamente “amable” de un asesino. Y lo que resultaba más demoledor, la mayor violencia la ejercían “los buenos”. La MPAA calificó inicialmente como X, obligándole a eliminar gran cantidad de metraje sin resultado. Tendría que acudir a un amigo para que finalmente pudiera estrenar el corte original con calificación R. Aunque prohibida en países como Reino Unido o Australia, se convirtió en un título de culto (con un reciente remake en 2009). Curiosamente, el principal asesino, Krug Stillo, sería el gérmen del personaje que catapultaría a Craven a la fama mundial, el Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street, en 1984. Pero antes de eso tendría que salir adelante con un trabajo pornográfico, The Fireworks Woman, firmada con el pseudónimo Abe Snake, y crearía otras seis películas, entre ellas alguna de sus obras de culto, Las colinas tienen ojos.

Disaster L.A.

Tengo un apocalipsis zombi en oferta

Disaster L.A.

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Disaster L.A.

Si os dijera que los quince minutos iniciales de Disaster L.A. me parecieron una mezcla entre Monstruoso (Coverfield, 2008) y La noche de los muertos vivientes, estoy convencido de que estaría creando unas expectativas sobre la película totalmente alejadas de la realidad. Pero lo cierto es que el arranque de Disaster L.A. me encantó. Turner Clay, auténtico hombre orquesta responsable de la dirección, la fotografía, la edición, la producción, los efectos especiales, la música… y probablemente del catering de Disaster L.A., se las apaña de maravilla para ofrecernos, durante esos quince minutos iniciales, un solvente y dignísimo escenario preapocalíptico. Un barrio suburbial de Los Ángeles sucumbe a las enormes columnas de fuego, a las decenas de helicópteros militares surcando el cielo y es testigo de un enorme y devastador meteorito camino del centro de la ciudad. Simple, barato… pero efectivo.

Unos amigos celebran una fiesta en un piso situado en un suburbio de LA. Los informativos de televisión anuncian el paso de una lluvia de meteoritos que pasará muy cerca de la atmósfera terrestre. Los asistentes a la fiesta salen a la terraza, alzan la vista hacia el cielo, y disfrutan del espectáculo. Pero a la mañana siguiente se dan de bruces con la cruda realidad: la ciudad de LA está siendo arrasada por esos mismos meteoritos que, a priori, tan sólo tenían que rozar la corteza terrestre. Pero a la destrucción masiva de la ciudad y a los miles de bajas civiles ocasionadas, se debe sumar una consecuencia todavía peor: los meteoritos desprenden un extraño virus que revive a los muertos y los convierte en monstruos devoradores de carne humana (lo que vendría a ser el zombi de toda la vida).

Lo mejor: Se toma en serio a sí misma y el arranque de la película.

Lo peor: En el fondo es muy poquito cosa.


Homicycle

Azucar en el motor

Homicycle

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Homicycle

muy malas pulgas: violaciones, asesinatos, robos, incendios, drogadicción… un grupo de psicópatas a los que sólo se puede enfrentar el misterioso motorista que, sobre su moto de gran cilindrada, limpiará las calles con la sangre de los malvados.

Es muy difícil realizar un largometraje, por un lado tienes que lidiar con muchas personas – actores, técnicos, productores – y dirigirlas en la misma dirección, una que lleve a buen puerto una visión artística, un concepto que pueda gustar a diferentes tipos de personas. Aunque sólo sea por esa dificultad, el oficio de cineasta merece un respeto, tanto cuando es un medio de vida como cuando se trata de una afición productiva. Las complicaciones no son menores cuando cuentas con un presupuesto exiguo, desde luego puedes asumir una libertad que grandes cantidades económicas de terceros pueden perjudicar, pero trasladar tu visión a la gran pantalla requiere de medios y de compañeros de aventuras con experiencia. Así, una película de serie Z sigue mereciendo un mínimo de respeto, no basta tildarlos como “mierda”, de la forma que hace el público masivo, hay que intentar romper la barrera de lo meramente económico y bucear más allá, a la espera de una historia contada con maestría y solidez.

Lo mejor: Resucitar el cine desfasado de los justicieros ochenteros

Lo peor: ¿Por donde empezar?