Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes
Paura nella città dei morti viventi

- Nacionalidad: Italia | Año: 1980
- Director: Lucio Fulci
- Guión: Lucio Fulci, Dardano Sacchetti
- Intérpretes: Christopher George, Catriona MacColl, Carlo De Mejo
- Argumento: Un cura se ahorca en el cementerio de Dunwich, abriendo así una puerta al Infierno que desatará el caos sobre la tierra.
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| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 4/5

En Nueva York, una médium es testigo en la distancia de cómo un clérigo se suicida en un viejo cementerio. Esto hecho marca la apertura de una de las siete puertas del Infierno en el pueblecito de Dunwich, dicen que edificado sobre las ruinas de Salem. Los muertos vuelven de la tumba comandados por el espectro del párroco, que esparcirá el caos por la pequeña población si alguien no lo detiene antes de la Noche de Difuntos, cuando el mal poseerá esta tierra desde el cementerio de Dunwich. ¿Un psicólogo? ¿La médium dada por muerta? ¿Un periodista lenguaraz? ¿Un barman miedoso? ¿Una pintora? ¿Quién será capaz de detener el horror?
La verdad que resulta difícil hablar de un clásico como éste y salirse del manido: “recomiendo verlo encarecidamente”. ¿Qué aportar sobre una película de la que se han vertido ríos de tinta y ha influenciado a cientos de directores desde su estreno en 1980? Hablamos del maestro Lucio Fulci, amado por muchos y denostado por otros tantos, un director italiano que, en un amaneramiento propio de los grandes artistas plásticos, siempre dio mayor preponderancia a la fuerza de sus imágenes que al sentido detrás de las mismas. Por si fuera poco, sus carencias técnicas y presupuestarias (estamos hablando de pura explotación italiana, muy alejada de los cánones de las grandes producciones de Hollywood), a veces también su desgana, jugaron en contra de sus aspiraciones, pues muchos entendemos que hasta la mejor de sus obras contiene demasiados fallos formales como para ser considerado “buen cine” en el sentido estricto de la definición. Es decir, ver una película de Hitchcock en la cima de su carrera es todo un prodigio de lo que se entiende por “buen cine”: contar una historia que atrape al espectador, que en cierta medida lo cambie y, especialmente, suspenda su realidad durante un corto fragmento de tiempo gracias a la magia de sus imágenes. Precisamente, contar una “historia” no se le daba bien a Fulci, sin hablar de las carencias de sus actores y demás compañeros de plató. Otra cosa es que realmente quisiera contar algo: con el tiempo he llegado a considerar a Fulci más como un pintor o un fotógrafo frustrado antes que como un buen cineasta.
Lo mejor: Atmósfera soberbia, uno de los 10 mejores terrores oníricos de todos los tiempos.
Lo peor: Algunos destellos de comedia involuntaria rompen el genial ambiente.




