Kung Fury
Un pecado autoindulgente

- Título original: Kung Fury
- Nacionalidad: Suecia | Año: 2015
- Director: David Sandberg
- Guión: David Sandberg
- Intérpretes: David Sandberg, Jorma Taccone, Leopold Nilsson
- Argumento: El agente Kung Fury viaja al pasado para acabar con su archienemigo: el Kung Führer.
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| GORE: |
- 3.5/5

El agente de policía Kung Fury vio como su compañero y mentor fue asesinado por un maestro ninja delante de sus narices. La rabia del momento, un rayo cayendo sobre él y la picadura de una cobra le otorgaron los poderes de un kung fu imparable que, desde ese momento, dedicó al servicio del bien. Cuando descubre que Hitler ha viajado al presente para robarle sus poderes, pondrá en marcha junto a su buen amigo Hackermaster una máquina del tiempo con tal de acabar con su archienemigo fascista.
El homenaje a los ochentas sigue estando en el candelero, y aunque las miradas de los aficionados ya se posan en los noventas como década a espoliar, sigue siendo la era del vídeo club y las máquinas recreativas la que más me llama la atención. El estilo retro se ha convertido en caballo de batalla de muchos artistas, desde creadores de videojuegos hasta dibujantes de comics; y en cuanto a lo que es el cine, vive una buena época especialmente en lo que viene a ser la industria underground. Si hace poco repasábamos con “Electric Boogaloo” la historia de la emblemática “Cannon”, productora famosa por su cine de acción hiperbólico y barato; hoy se rinde homenaje a ese cine con la presentación de “Kung Fury”, un mediometraje sueco que está corriendo como la pólvora contando ya con más de cinco millones de reproducciones en Youtube, donde ha sido publicado de forma gratuita, además del éxito en su presentación en Cannes. Esta obrita se inició como proyecto de Kickstarter con un tráiler muy interesante que pronto atrajo la atención del público, llegando a recaudar más de 600.000 dólares, bien invertidos en efectos especiales de los que la cinta hace gala constantemente; por no decir que es un efecto especial en sí.
Lo mejor: La capacidad para condensar casi todas las tonterías que se nos ocurrían de críos mientras jugábamos.
Lo peor: A veces el tono ochentero se pierde debido a unos efectos especiales en CGI que bien podrían haber sido maquetas y miniaturas.




