Zombie Killers: Elephant’s Graveyard

Cazar zombis es un deporte de riesgo

Zombie Killers: Elephant’s Graveyard

Elwood es un pequeño pueblo dirigido por un ex médico militar que actúa como la brújula moral de toda la comunidad. Elwood es algo parecido a un santuario, pero los miembros de su comunidad están luchando una batalla perdida contra una plaga desconocida en la que los humanos infectados no mueren, sino que deambulan para propagar la infección de una manera espantosa. Liderados por Seiler, un grupo de hombres y mujeres jóvenes que se autodenominan “Zombie Killers”, actúan como el brazo armado y militarizado de la comunidad, entrenando con armas de paintball y carreras de obstáculos.

El tráiler de Zombie Killers: Elephant’s Graveyard me ha recordado a la serie The Walking Dead… lo cual no es bueno, ni malo. En realidad no significa nada. Dirigida, producida y escrita por B. Harrison Smith (Camp Dread), Zombie Killers: Elephant’s Graveyard es una pequeña película independiente que mezcla drama, zombis y Paintball. Es curiosa la reflexión que el propio B. Harrison Smith realiza acerca del grupo de jóvenes cazadores de zombis que se preparan y actúan como un grupo de Paintball: “El Paintball, en la película, va más allá de un mero ejercicio de entrenamiento. Es la manera que tienen estos jóvenes combatientes para desahogarse en un mundo dominado por los tiroteos y la dependencia de las armas. En cierto modo es una alusión a las juventudes Hitlerianas: primero niños equipados con palas, que crecen hasta convertirse en espadas y, finalmente, son sustituidas por armas de fuego.” Por supuesto la curiosidad de sus palabras empiezan con la alusión a las juventudes Hitlerianas.

Still 2

Un pasatiempo fantasmal

Still 2

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Still 2

Desde Tailandia nos llega una nueva antología de horror que hace hincapié, a lo largo de sus cuatro segmentos, en el tema de las venganzas sobrenaturales. Y lo hace, principalmente, con el telón de fondo de la violencia de género, denunciándola con el lenguaje y las herramientas a disposición del cine de terror, lo cual ya es todo un valor a tener en cuenta. Claro que esta denuncia del maltrato anida implícita dentro de la cultura tailandesa al ser tan machista, por desgracia, y tan rico su misticismo en fantasmas vengativos de pelo largo, no pensemos que esta colección viene a reinventar la rueda. No me entendáis mal, se agradece el sesgo humano que presentan sus cuatro historias, ver devuelto el daño que unos hombres presos por la pasión pueden causar sobre sus mujeres, es siempre un placer oscuro para este que suscribe.

Y lo más importante, venganzas (Tai Hong = espíritu vengativo) expuestas sin aburridas lecciones morales o discursos éticos de carácter occidental; aquí la verdadera pérdida la paga el amor, haciéndolo mediante esa sensibilidad oriental, tan simple como profunda, que aporta doble valor a una antología que, por otro lado, se parece demasiado al resto de sus congéneres; un escalón por debajo de, por ejemplo, la estimable “4bia” o la funcional “3 A.M. Con todo, incluso rozando las dos horas de duración, “Still 2” (segunda parte de la también recomendable “Die a Violent Death”) resulta disfrutable siempre que estemos habituados al cine tailandés y sus actores.

Lo mejor: El segundo segmento, lleno de humor chorras. El tercer segmento, buen terror.

Lo peor: La sensación de estar viendo más de lo mismo con respecto al horror oriental.


The Coed and the Zombie Stoner

Memorias de un zombie cachondo perdido

The Coed and the Zombie Stoner

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Coed and the Zombie Stoner

Está bien… Llega el momento de dejar la materia gris a un lado. Cualquier atisvo de inteligencia NO será bienvenida (y sí… he escrito “atisvo” con “v” para situarme en la línea de gilipollez absoluta que marca la película). Supongo que debo definir The Coed and the Zombie Stoner de alguna manera, así que ahí va: podríamos decir que se trata de una especie de parodia fumada y pasada de vueltas de Memorias de un zombie adolescente (Warm Bodies, 2013), película que, por cierto, me pareció un auténtico desastre. Tan sólo necesitamos del argumento de The Coed and the Zombie Stoner para empezar a tener las cosas bastante claras:

Chrissy es una estudiante universitaria con aptitudes para la ciencia. Durante sus prácticas en el laboratorio de la facultad inventa, sin quererlo, una potente bebida cuyo principal ingrediente es el cannabis y que tiene la propiedad de calmar a los zombis. Pero Chrissy tiene un grave problema en el horizonte: debe encontrar a un nuevo novio cuanto antes si no quiere ser expulsada de la fraternidad. Curiosamente el profesor para el que realiza las prácticas esconde, desde hace ya unos cuantos años, a un zombie en el armario. Como no podía ser de otra manera Chrissy y el zombie en cuestión acaban enamorándose y consumando su amor como buenamente pueden. Y como tampoco podía ser de otra manera, la epidemia zombi no tarda demasiado en expandirse por todo el campus.

Lo mejor: No engaña a nadie...

Lo peor: ¿Por dónde empiezo?


Ju-on: The Beginning of the End

Toshio se hace viejo y tiene achaques

Ju-on: The Beginning of the End

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Ju-on: The Beginning of the End

Una profesora de primaria se interesa por un alumno ausente durante varios días. La piedad de la joven será el punto de partida para descubrir una maldición que alcanza a todo aquel que siquiera la roza.

“The Beginning of the End” sería la novena película de la franquicia “Ju-on” (o “The Grudge”), iniciada en el 2000 por Takashi Shimizu con una humilde cinta dirigida al mercado doméstico y que, aun a día de hoy, se establece junto a “The Ring” como piedra de toque del j-horror y una de las cintas más escalofriantes del nuevo milenio. También sería la cuarta de la serie que intenta dar un inicio a la historia de la maldición. Como ya comentábamos, en 2000 arranca la saga con la macabra historia de Kayako y su hijo Toshio, siendo “relanzada” con una especie de remake, llevado a cabo por su mismo director, más ambicioso y que se convirtió en todo un bombazo internacional en 2002. Tal fue el éxito que en 2004, el mismo año en que Shimizu estrenaba su obra maestra (“Marebito”), veía la luz el remake norteamericano (“El Grito”), protagonizado por Sarah Michelle Gellar y dirigido por el mismo Shimizu. Hasta aquí tenemos tres “inicios” para una historia que, dadas sus características, se alargó fácilmente en sendas segundas partes, dos de capital japonés y otra norteamericano, que mantienen con bastante soltura la historia inicial y las insignias de la saga: la presencia de Toshio (el niño cabrón de piel pálida), la compañía de Kayako (un Kairo que sintetiza de manera magistral la punta del iceberg sobrenatural japonés y que, junto a Sadako, han sido la base del j-horror tal y como lo conocemos) y una narrativa no lineal segmentada en varias historias entrelazadas alrededor de los dos personajes citados.

Lo mejor: Como siempre, la narrativa no lineal y el barniz aberrante de su conclusión.

Lo peor: La sensación de una saga sobre explotada que no da para más.