Faust 2.0

Satán encuentra nuevos caminos

Faust 2.0

Millones de aplicaciones se instalan a diario en el mundo, aceptando su instalación sin molestarnos en leer las condiciones que establecen. Pero… ¿Qué es exactamente lo que aceptamos? En Fausto 2.0 nos encontramos con cinco individuos que aceptan, sin saberlo, un pacto con fuerzas desconocidas y cuyas vidas dan un vuelco brutal cuando utilizan dichas aplicaciones místicas para lograr sus propios objetivos. La pandemia digital empieza a tomar forma.

El sacar a flote la cara más oscura y terrorífica de internet se está convirtiendo, prácticamente, en un subgénero del terror por derecho propio. En Almas Oscuras hemos tenido ejemplos de todo tipo, desde los horrores más “reales” (y por lo tanto los más escalofriantes) al estilo de Megan is missing, pasando por epidemias globales transmitidas a través de una popular red social en Antisocial. Y lo cierto es que cuando uno toma la decisión de inscribirse en una red social o a cualquier otro tipo de servicio prestado en la red, rellena un formulario y, por supuesto, no está dispuesto a leerse las claúsulas de confidencialidad de la información personal (porque no tienes tiempo o porque, sencillamente, son un coñazo de mil pares de narices y sabes que, por mucho que te esfuerces, nunca acabarás de entenderlas del todo), sí puede surgir cierta sensación de que, de algún modo, estás vendiendo tu alma al diablo.

Goodnight Mommy

¡Arde, mami, arde!

Goodnight Mommy

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Goodnight Mommy

¿Es posible confundir a tu propia madre con un extraterrestre? Pues aunque parezca imposible, Goodnight Mommy ha hecho esa pesadilla real. Directamente consigue que veas pájaros donde no los hay durante 95 minutos de pura angustia en los que el espectador olvidará la realidad y vivirá inmerso en el mundo de fantasía y pesadilla de los niños. Eso es exactamente, para mí, Goodnight Mommy. De pronto dejé de ser adulto; medía medio metro, estaba perdido en un maizal y me dejaba guiar por la mágica sensación de la ingenuidad.

Es curioso, pero en ningún momento podríamos afirmar que Goodnight Mommy es una película “original”. Su leitmotiv básicamente radica en un malentendido disparatado que degenera en la maldad de los supuestos seres más inocentes de la Tierra: los niños. Maldad que hemos visto representada cientos de veces en pantalla con miles de formas distintas, desde el clásico de Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño? (1976), La profecía (The Omen, 1976) y con especial hincapié en la pragmática y veleidosa Rhoda, la cría pedante del clásico Mala Semilla (1956). Sin embargo Goodnight Mommy da un paso más allá en su análisis psicológico sobre la maldad infantil, hasta el punto que lo que debería ser una locura de película de terror que en primera instancia no debería haber existido, es un estudio absolutamente creíble, muy visual y mucho más real y analítico de lo que jamás hubiera imaginado. Goodnight Mommy es el perfecto ejemplo de que, en la mayoría de ocasiones, lo que realmente importa no es que lo que se cuente esté muy manido, sino lo notable que puede llegar a ser el cómo se cuenta, y si se hace de un modo inteligente y original.

Lo mejor: Todo. Una patada en los huevos

Lo peor: El momento cruz roja… si pretendían homenajear a À l'intérieur: objetivo conseguido.


Gingerclown

El primo húngaro de Tim Burton

Gingerclown

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1/5

Gingerclown

Los Ángeles, 1983: El pardillo del instituto se cruza con el equipo de rugby al completo mientras estos se dedican a meter mano a sus chicos en la trasera de sus bugas. Tras el encontronazo, el capitán del equipo desafía a nuestro pardillo a traer algo del parque de atracciones abandonado una vez pasada la medianoche. Pero allí, Pardillo McFly no solo encontrará atracciones polvorientas, también el amor de la chica más popular del instituto y el horror de seis demonios con menos movilidad que una piedra de molino.

Mezclemos la estética registrada de un Tim Burton tísico con la esencia más ñoña de “It”, añadámosle actores que no merecen tal nombre, efectos especiales sonrojantes, una sobredosis de películas para adolescentes de los ochentas y varios cientos de miles de bombillas: el resultado, macerado en barricas de neumático quemado desde la exótica Hungría, se llamaría “Gingerclown”, y sería menos apetecible que una lavativa anal con aguarrás. Una película que ha pasado desapercibida, por suerte, aun contando con la asociación de ciertos nombres, en este caso actores famosos muy vinculados con el fantástico, para lo que sería el doblaje de las criaturas fantásticas (¿demonios?) que pueblan el parque de atracciones abandonado donde se ubica la trama.

Bueno, ¿trama?, ¿argumento?, ¿guion? Palabras que le quedan grandes a la patochada que se saca de la manga el hombre detrás del invento: Balázs Hatvani, desconocido director que decide situar el marco temporal en el año 1983, el de su nacimiento, sin que esto aporte más que unas gotas de nostalgia que no se rubrican con una escenografía o vestuario a juego. Vamos, que la película transcurra en los ochenta no aporta nada y, además dados los resultados, parece un flaco favor a los que guardamos tan buenos recuerdos de Naranjito, Espinete, los Teleñecos y demás…

Lo mejor: Las voces de los dobladores de las marionetas.

Lo peor: Las actuaciones y los efectos especiales.


The Thing on the Doorstep

A la caza del espíritu de Lovecraft

The Thing on the Doorstep

La relación de Daniel Upton con su amigo Edward Derby cambia bruscamente después de que Edward se involucre sentimentalmente con Asenat Waite, una hipnotizadora con una reputación algo extraña. Al ver que el comportamiento de Edward se vuelve cada vez más errático y empiezan a suceder eventos inexplicables, Daniel decide investigar qué está ocurriendo realmente con su amigo Edward. ¿Es un caso de locura… o algo mucho más aterrador?

Después de que Guillermo del Toro, el pasado verano, dejara nuevamente abierta la posibilidad de, por fin, concretar la adaptación cinematográfica de En las montañas de la locura (aunque si finalmente llega a estrenarse, de la mano de del Toro, probablemente tendríamos que esperar hasta el 2018); los seguidores H.P. Lovecraft deberán seguir pendientes de la escena independiente, la más emprendedora a la hora de convertir el universo de pesadillas del mítico escritor estadounidense en una realidad cinematográfica. En esta ocasión le toca el turno a The Thing on the Doorstep, basada en un relato corto escrito por Lovecraft en 1933 y publicado en la edición de enero de 1937 de la revista pulp Weird Tales. El relato, que en España conocimos bajo el título El ser en el umbral, también formó parte de la antología La Llamada De Cthulhu.