Black Mountain Side
Conservante natural

Un grupo de arqueólogos descubre una extraña estructura en el norte de Canadá, una que data de hace más de diez mil años. El equipo se queda aislado frente a una fuerte tormenta de nieve cuando sus sistemas de comunicación fallan… no pasará mucho tiempo antes de que comiencen a sentir los efectos de la soledad.
Si queremos que algo vivo conserve, lo más intactas posible, sus propiedades orgánicas lo cubrimos de hielo. Lo congelamos y esperamos que la muestra de tejido vivo nos regale con sus bendiciones una vez pasados los siglos. Así ocurre con lo emocional, lo cual el hombre decide sepultarlo en un rincón de su corazón, bajo una montaña de cubitos de hielo pertenecientes a las copas que nos mantienen a flote tras un desengaño. De forma más o menos metafórica podríamos continuar con la broma escribiendo que el legado del buen terror también permanece a varios metros bajo el hielo. En concreto el que se vio paralizado, en espera del calor humano que lo revivirá, a manos del gran Carpenter con una de sus obras maestras: “La Cosa”, un remake que superaba con creces la original y establecía nuevos cánones dentro del terror físico y el survival. Sobre todo, y aunque parezca mentira, semejante obra es recordada por el aura de paranoia que sobrevolaba gran parte del metraje.
Nadie se había atrevido a resucitar los horrores de una película de culto hasta fecha reciente. “La Cosa” se convirtió en un referente fácil de usar como inspiración, pero difícil de recrear como una globalidad. Así tenemos la propia precuela, a medio camino de la nada, o la muy actual “The Station”, recomendable hasta cierto punto, incluso anunciamos hace pocas semanas la existencia de “Harbinger Down”, homenaje poco solapado a la cinta de Carpenter. Parece ser que con la distancia de los años, lo sagrado se vuelve menos; así actualmente se resucitan sagas que deberían permanecer como fueron (todavía no puedo entender hacía donde pretenden llevar el universo “Star Wars”) o se ruedan remakes poco pensados desde su condición artística y más con intención recaudatoria. También los homenajes se prodigan y los autores no tienen miedo de robar de obras con menos de treinta años de antigüedad… y “La Cosa” no iba a ser una excepción.




