Folk Horror
Terror antes de Cristo

Podríamos definir el folk horror como un subgénero que bebe directamente de las tradiciones paganas europeas, de los ritos y de la mitología de la era precristiana. Estas historias suelen desarrollarse en entornos rurales, campestres, muy alejados de las grandes urbes y, por ende, de todo lo que tenga relación alguna con la civilización y su predominio tecnológico. Las tramas escenifican el viejo enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo, entre «el ratón de campo y el ratón ciudad». Se nos presenta en ellas el conflicto encarnado por dos partes bien diferenciadas: por un lado, los recién llegados, con su mentalidad moderna, cosmopolita y escéptica, decididos a instalarse y a comenzar una nueva vida en el campo o simplemente a meter sus narices en los asuntos y en la vida de los lugareños; por otro, la comunidad que allí habita, aparentemente afable, pero ciertamente cerrada, sectaria, celosa de sus secretos, de costumbres ancestrales, regida por creencias arcanas y oscurantistas. Generalmente, un secreto obsceno, inconfesable, compartido por los componentes de estas hermandades agrícolas, se esconde detrás de estas idílicas estampas bucólicas: el sacrificio indispensable para el éxito del cultivo, para la continuidad de la vida, aceptado como algo connatural por todos, excepto, claro está, por los “extranjeros”.
Es este un subgénero eminentemente británico, tanto en sus manifestaciones cinematográficas como en las literarias. Se acepta que sus orígenes se remontan a los textos de algunos de los autores fundamentales de la literatura de género: M.R. James, Arthur Machen y Algernon Blackwood, entre otros muchos. Elementos recurrentes en estas historias son los ritos arcanos, los templos en ruinas, los monumentos megalíticos, todo aquello relacionado con labranza y las cosechas, y un amplio repertorio de símbolos ligados a la tierra, a la magia y a la fertilidad, así como seres mágicos tales como hadas o duendes.


