El Barco de la Muerte
My torture will go on

- Título original: Death Ship
- Nacionalidad: Canadá, UK | Año: 1980
- Director: Alvin Rakoff
- Guión: John Robins, Jack Hill, David P. Lewis
- Intérpretes: George Kennedy, Richard Crenna, Nick Mancuso
- Argumento: Los escasos supervivientes de un crucero naufragado son recogidos por un extraño buque negro que guarda en su interior un legado nazi de tortura y dolor.
| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 2.5/5

Un crucero de placer navega plácidamente hacia su destino cuando el barco de la muerte, negro como la noche, intercepta su trayectoria. Ese viejo buque oxidado y abandonado surca el océano en busca de presas, y en los supervivientes del crucero que acaba de golpear encuentra a las ideales. Los pobres náufragos, una vez a bordo del derelicto mortal, descubrirán como la historia infecta con veneno cada uno de los oscuros recovecos del impresionante navío.
Junto con la imprescindible – aunque algo casposa con el tiempo – “El Triángulo de las Bermudas” (1978), “El Barco de la Muerte” fue una de esas películas de horror marítimo que colmaron de pesadillas durante bastante tiempo mis noches infantiles. Vista con el tiempo resulta complicado entender como semejante patraña, en cuanto a terror se refiere, pudiese causar malos sueños a ningún infante. Claro que los principios de la década de los ochenta se caracterizaban por una mayor inocencia en lo que a cualquier rango de edad se refiere. Aun con la perspectiva del tiempo asumida, resulta conmovedor volver a revisionar un clásico de la serie b más casposa, con la mente lo más abierta posible, para descubrir que pese a sus tremendos fallos mantiene un aura especial capaz de causar una inquietud de la que muchas películas actuales carecen. Y os hablo de esa ambientación que, agudizada por una vergonzante falta de medios, abandona el sobresalto, el susto barato de los efectos especiales y el aumento brusco de volumen, en pro de una extrañeza psicodélica agudizada gracias al apartado visual propio de una de esas pesadillas infantiles de las que os hablaba.
Lo mejor: El barco de marras, una ambientación extraña gracias a la oxidada nave que bien podría pertenecer a un mal sueño de legumbres.
Lo peor: La dirección, y en general todos los apartados técnicos, son tan caóticos que puede llegar a provocar más de un dolor de cabeza.



