Forgetting the girl

La mancha de la mora con otra verde se quita

Forgetting the girl

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Forgetting the girl

La cinta de la que me gustaría hablaros hoy es un thriller psicológico independiente que, pese a lo modesto de su planteamiento, ha logrado mantenerme atento e interesado a lo largo de todo su recorrido. Su director, el debutante Nate Taylor, consigue una factura excelente en lo que a imagen y actuaciones se refiere en una historia intrigante cargada de dramatismo y fatalidad romántica que, lejos de hacer de ella un título ñoño, termina de cuadrar una experiencia muy recomendable.

Kevin Wolfe (Christopher Denham) tiene un pequeño estudio donde realiza álbumes y books fotográficos a chicas aspirante a actrices o modelos. Su vida rodeado de jóvenes bellezas contrasta con su incapacidad para relacionarse con ellas de un modo natural… algo que, sospecha, le viene de la traumática experiencia que vivió de pequeño al presenciar el ahogamiento de su hermana en una piscina. Convencido de que una relación duradera con una mujer es el bálsamo que curará todas sus cicatrices se lanza a proponer citas a todas sus clientas; pero las pocas que consienten en conocerlo mejor terminan rápidamente rompiendo, generando en Kevin una nueva cicatriz que curar. La única mujer realmente interesada en lo que nuestro protagonista reclama, su ayudante Jaime (Lindsay Beamish), resulta para su desgracia invisible a los ojos del fotógrafo…

Narrada a modo de flashback, Forgetting the girl recuerda y recoge aromas de El fotógrafo del pánico, de Taxi driver (que últimamente asoma aquí y allá en el cine que veo) e incluso de Psicosis, pero su guión logra entidad propia gracias al trabajadísimo estudio de los personajes que profundiza mucho más de lo que suele ser habitual en este género. Con ello consigue que el espectador entre de lleno en su trama y sufra con los giros de la cinta y sobre todo con su demoledora conclusión. No sé si fue por esta sensacional profundidad de los personajes, o porque la ciudad de Nueva York, con sus localizaciones y su fotografía, termina por ser un personaje más en la trama; pero lo cierto es que viendo la cinta no dejaba de asociar el título a la manera de hacer del director Woody Allen en su faceta más seria.

Lo mejor: Excelente factura y actuaciones. Pese a tener una sólo escena violenta, los personajes logran que esta sea realmente impactante.

Lo peor: No es una cinta que encaje en un género determinado y eso puede jugar en su contra. Tanta explicación sobre el episodio de la infancia es un tanto convencional.


Stage Fright

El espectáculo debe continuar...

Stage Fright

“Scream” conoce a “Glee” en esta comedia negra musical acerca de una adolescente soñadora llamada Camilla Swanson que aspira a seguir los pasos de su madre, una auténtica diva de Broadway. Sin embargo, Camilla se vé atrapada en su nuevo trabajo de cocinera en un campamento de artes escénicas. Decidida a cambiar su destino, se cuela a la audición para la obra de verano y consigue un papel principal en la obra. Pero al tiempo que se inician los ensayos, la sangre comienza a brotar.

Supongo que la comparación con Scream y con la serie Glee será del todo acertada (aunque reconozco que, a pesar de ser un entusiasta del género musical, jamás he visto un solo episodio de Glee), pero aprovechando que el asesino de Stage Fright se esconde bajo una máscara kabuki, permitidme que saque a pasear mi lado más freak y me acuerde del gran Sgt. Kabukiman NYPD (1991), el antihéroe de la Troma que a principios de los 90 compartía protagonismo en la mítica productora junto a nuestro queridísimo Toxic Avenger. Y puestos a viajar al pasado comentar, de pasada, que Stage Fright también me ha traído ecos de Aquarius (1987), el espléndido y salvaje slasher de Michele Soavi en el que un asesino con máscara de búho (o lechuza) montaba una masacre entre bambalinas. De hecho, en el mercado anglosajón a Aquarius se la conoció bajo el título de Stage Fright.

An American Terror

Juventud desorientada

An American Terror

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

An American Terror

Imagina que eres un productor de cine. Tu especialidad son las películas de terror de bajo presupuesto, de manera que la pasta no te sale por las orejas. Por esa misma razón escoges con mucho cuidado cada uno de los nuevos proyectos en los que invertir tu dinero. Y de pronto llama a la puerta de tu despacho un tipo llamado Haylar García, que por lo visto es músico y cantante, y pone sobre tu mesa el guión de una película que se inicia como un manual para Dummies de la matanza de Columbine, se destapa a continuación como un hijo bastardo de Saw o Hostel, y tiene la desfatachez de concluir como una comedia adolescente al uso. “What the fuck?”… Supongo que esto sería más o menos lo que le soltaría al tal García si yo fuera el productor en cuestión y una película como An American Terror cayera en mis manos. Pero por suerte para todos ni yo soy productor, ni Haylar García es tan insensato como un primer vistazo a su debut cinematográfico nos hace prever.

Tres adolescentes, marginados por sus compañeros de instituto, deciden dar un vuelco a su gris existencia y alcanzar la notoriedad. Para ello idean un macabro plan consistente en llevar a cabo una masacre en su escuela. Mientras preparan la matanza, toparán con algo mucho más oscuro y perverso que sus propias y sanguinarias ideas.

An American Terror es, en esencia, un pastiche de mil pares de narices. El arranque es estremecedor y toca directamente la fibra de un problema enquistado, desde hace ya muchísimo tiempo, en la sociedad norteamericana: el derecho a poseer armas y como consecuencia de ello la facilidad con la que un par de chalados pueden armarse hasta los dientes, salir a la calle, y perpetrar una matanza que dé la vuelta al mundo y les convierta en auténticas celebridades. Los protagonistas adolescentes de An American Terror sienten esa necesidad de dar un vuelco a sus deprimentes existencias y planean, hasta el último detalle, una matanza con la que vengar los abusos y vejaciones a los que son sometidos a diario. Hasta ese preciso instante la película de García nos remite a obras que bien pueden resultar tan serias o comprometidas como el Elephant de mi odiado Gus Van Sant (lo del remake de Psicosis no te lo perdonaré nunca) o el excelente documental de Michael Moore Bowling For Columbine; o bien pueden transitar por una vía más exploit como la tomada por el inefable Uwe Boll en su magistral Rampage.

Lo mejor: Ser una de las propuestas de terror juvenil más desvergonzadas y divertidas de los últimos tiempos.

Lo peor: El WTF que provoca la película... puede que no sea del gusto de muchos de vosotros.


Wolfcop

"Auuu, auuu", suenan las sirenas

Wolfcop

No resulta extraño para Lou, un buen policía aunque algo borracho, despertarse en lugares extraños sin saber como llegó allí. Pero esta vez es algo muy diferente: lo que le rodea parece la escena de un crimen, sus sentidos están al rojo vivo y su pelo… ¡su pelo no quiere dejar de crecer!

Vale, tenemos un póster súper cool, al más puro estilo retro, diseñado por “The Dude Designs”; tenemos una “tag line” demoledora: “Wolfcop es como Harry el Sucio pero más peludo”; tenemos unas imágenes promocionales y un tráiler que se toman poco en serio; tenemos unos efectos especiales que coquetean con el ridículo más absoluto; tenemos un actor principal, Leo Fafard, que tiene más experiencia como operador electricista que como actor; tenemos un director y guionista cuyo trabajo más destacado, de los pocos que tiene, es “13 Eerie”, una cinta de zombies que ha pasado sin pena ni gloria; tenemos una producción íntegramente canadiense, un país más extraño que la tarta de queso… las señales no podrían ser más halagüeñas, si de lo que se trata es ver una película casposa. Pero, pero, ¡pero es que además el protagonista es un “poli hombre lobo”!