The Borderlands

No todas las iglesias son del señor

The Borderlands

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

The Borderlands

Célebre found footage precedido de múltiples alabanzas cosechadas allí donde se ha proyectado, siendo uno de los títulos mejor valorados por el público asistente al FrightFest 2013 (un logro nada fácil); y es que The Borderlands está hecha para todo tipo de paladares, inclusive para los que no somos de aquéllos que habitualmente disfrutamos del génerol del metraje encontrado. Por eso es mi deber empezar esta reseña de la siguiente manera: ¡Alabado sea el señor por crear algo como The Boderlands!

Un equipo de investigadores del Vaticano es enviado a investigar la actividad paranormal de una remota iglesia en la que Dios ya no se oculta entre los que rezan.

The Borderlands es un ingenioso found footage cuya mayor virtud es que aprende de los errores del pasado. Es una película arriesgada que apuesta, decididamente, por el efectismo (lo que resulta genial), con una clara influencia de V/H/S 2 en todo ello. No está de moda lo que se sugiere, sino lo que se muestra. Lo que me alegra es que, a pesar de tratarse de una apuesta por un efectismo continuado – sin abusar -, al menos The Borderlands nunca pierde de vista que, en última instancia, se trata de un mísero entretenimiento; que al fin y al cabo es lo que más se puntúa, lo que más se agradece y lo que permite a todo tipo de aficionados acercarse a la propuesta con ganas de ver un un buen y entretenido found footage. Y no solamente logra ser una película “visible”, sino que además The Borderland pasa por ser una propuesta inteligente. No estamos ante un found footage alocado que busca el sobresalto fácil y la locura desmesurada, como algunos de los segmentos de V/H/S. The Borderlands está bien escrita y cada giro, por muy rocambolesco que resulte a priori, queda perfectamente hilvanado y ubicado en el contexto de la historia. ¿Es quizás el guión de The Borderlands uno de los más sorprendentes de lo poco que llevamos de año? No me cabe duda…, lo es.

Lo mejor: ¿de dónde viene ese temblor? El final, ver para creer, absolutamente alucinante.

Lo peor: la duración es excesiva y se hace algo pesada. Con un buen recorte hubiera sido de matrícula.


Naked Blood

Látigo dormido, carne lacerada

Naked Blood

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Naked Blood

Hay un precipicio en la continuidad de la historia del cine de terror japonés que al no iniciado le cuesta sortear. La curva temporal imaginaria pasa sin solución de continuidad de la era Kaidan, las historias de espíritus vengativos que florecen en los 40 y viven su mayor esplendor durante los 50 y los 60, al J—horror, que surge a finales de los 90 y se nutre, principalmente, de Ringu (1998), una de las obras más influyentes de las últimas tres décadas —en dura pugna con El proyecto de la bruja de Blair—, y que con el tiempo se ha constituido en algo así como la «marca Japón» del cine de terror nipón, hasta el punto de ser exportada e imitada hasta la extenuación, primero por los vecinos asiáticos, y después por el resto del planeta. Dicho lo cual, no está de más apuntar que, en el fondo, el J—horror no es más que una actualización de los kaidan clásicos pasados por la túrmix tecnológica, una suerte de versión 2.0 con infinitas ampliaciones.

Se conoce que a la vera de estas producciones han caminado desde los 50 hasta el presente los sempiternos Kaiju eiga. Por otro lado, el país del sol naciente nos viene regalando de un tiempo a esta parte una alternativa a la clonación en masa de Sadako. Se trata de un sub(sub)género que combina el cyberpunk, el splatter y la cifi, al que algunos se refieren como «cyber—gore», «punk—horror» o «psychosexual horror». Aquí encontramos títulos como Tokyo gore police, Robo Geisha o Frankenstein girl vs vampire girl. Dicho esto, aún quedan en el aire los 70, los 80 y los 90. Los primeros está aún dominados por las producciones pinku eiga. El panorama del cine internacional experimenta un cambio notorio, es la década por excelencia del cine exploitation. Con los kaidan dando sus últimos coletazos, el terror anda buscando y tanteando nuevas vías de renovación. No hay una clara tendencia en estos años, si acaso, determinadas cintas que han pasado a la historia del género por su calidad, por su singularidad o por ambas cosas: Hausu (1977), Shura (1971), The village of eight gravestones (1977), algún kaidan trasnochado como Curse of the dog god (1977), la trilogía vampírica de la Toho compuesto por Vampire doll (1970), Lake of Dracula (1971) y Evil of Dracula (1974), o las numerosas adaptaciones de Edogawa Rampo. El uso extremo de la violencia de determinadas producciones, en especial la serie Joy of torture iniciada por Teruo Ishii y ciertas películas de Koji Wakamatsu como Violated angels (1967), abre un nuevo camino a seguir por el terror nipón, cuyas historias de fantasmas vengativos habían quedado un tanto desfasadas. En el libro Flowers from hell podemos leer lo siguiente: «Las raíces del splatter japonés no se encuentran en el género de terror, sino únicamente en las pinku eiga, películas soft—core japonesas que forman una parte substancial de la producción doméstica de los 60 y 70». En este sentido, se destaca Beautiful girl hunter (1979) como uno de los títulos de ese nuevo terror que se presiente en los 70 y explota en la cara de los espectadores en los 80 y que, al igual que la saga de Ishii y todo el pinku más perverso y violento, tiene precedentes en títulos como Kyuju-kyuhonme no kimusume (1959), Daydream (1964) o Black snow (1965), y también, en tanto que brutal retablo de violencia explícita y nueva y novedosa forma de acometer el género, en la mítica Jigoku (1960) de Nobuo Nakagawa. Al igual que ocurre en el resto del mundo, el cine de aquella década decide mostrar los aspectos más trágicos y desagradables de la realidad en toda su crudeza, y para ello se recurre a dos ingredientes básicos: el sexo y la violencia. Tal y como apunta Peter Tombs en su Mondo macabro: «Sexo y muerte, los componentes clave de las películas de terror, llevan mucho tiempo asociados en la psique japonesa». Es entonces cuando irrumpen los 80.

Lo mejor: el mejor Sato en una historia personalísima.

Lo peor: demasiados aspectos quedan sin limar; podría haber sido algo mucho más grande.


Salem

Trailer de la nueva serie sobre brujas

Salem

Las brujas vuelven a estar de moda. Recientemente nos han llegado propuestas de lo más variopintas. En el cine, The Lords of Salem (2012) y Las brujas de Zugarramurdi (2013) han ofrecido su muy particular punto de vista sobre el tema. Mientras, en televisión, han tenido su importancia en exitosas series como True Blood(2008-¿?), Cronicas vampiricas(2009-¿?), y sobre todo, en la tercera temporada de American Horror Story(2011-¿?), todavía en emisión. Por ello, para qué parar la fiesta, el canal por cable WGN América estrenará Salem el próximo 20 de abril. El titulo no deja poco lugar a equívocos.

La acción se sitúa en Salem en el siglo XVIII, y nos mostrará la caza de brujas que se produjo en la época y los juicios acaecidos entre febrero de 1962 y mayo de 1963, así como sus consecuencias. Diecinueve de los veinticinco acusados, catorce mujeres y cinco hombres, fueron ahorcados tras estos juicios de brujas.

Entre los productores del invento destaca Adam Simon, al que conoceréis por ser el guionista de la soporífera Exorcismo en Connecticut (2009) o dirigir aquella caspa noventera titulada Carnosaurios (1993). Vamos, que no es precisamente un buen indicativo, pero viendo el tráiler de Salem podemos conservar la fe. Además, Simon fue también responsable de un poco conocido pero muy reivindicable documental sobre el cine de terror: The American Nightmare (2000). Entre los protagonistas, al menos los presentes en el episodio piloto, no hay ningún interprete fácilmente reconocible. La mayoría con corta carrera televisiva y alguna caspa de video club. El más reconocible sería Shane West, visto en Urgencias (2004-2009) o Nikita (2010-2013).

Omnívoros

El rico es un lobo para el hombre

Omnívoros

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Es difícil encontrar en el cine actual, y más en el español, propuestas tan arriesgadas y a contracorriente como la que hoy nos ocupa. Aunque finalmente puede que sus escenas no sean para tanto en lo que respecta a violencia y crudeza, y que la cinta tenga evidentes carencias en varios aspectos, lo cierto es que Omnívoros es un viaje terrible a los rincones más oscuros de la sociedad. Un viaje en el que el canibalismo físico es el “Mac Guffing” para hablarnos de los abusos y la falta de moral de una clase social, la alta, ajena a la realidad y que parasita al resto de la población sin preocuparse ni valorar la ética de sus actos.

Marcos es un crítico gastronómico y escritor de éxito que recibe el encargo, por parte de su editora, de realizar una libro sobre los restaurantes clandestinos. Con ayuda de un contacto con el que mantiene una relación sentimental, entra en este mundo de lujo y manjares. En una reunión coincidirá con una periodista, y antigua amante, que anda investigando a un grupo de gourmets que organiza festines de carne humana. Desconocedor de los peligros que se ocultan en este submundo Marcos entra en algo de lo que tal vez no pueda salir.

A medio camino entre el cine de terror y el cine policíaco, la película no es fácil de clasificar en un único género. Algo con lo que juega su director, intercalando, pero nunca mezclando las investigaciones de Marcos, un triunfador, seductor y exquisito personaje que a ratos se puede antojar una suerte de James Bond a la española. Y la parte de horror, protagonizada por el brazo ejecutor de nuestro cocinero caníbal, un asesino autista armado con un martillo de matarife que somete a sus víctimas al mayor de los horrores. Entre medias chicas guapas, fincas de lujo, grupos secretos, manjares exóticos y menciones a cantidades económicas que se antojan lo más fantástico del film. Como ya digo ambas tramas, unidas en la conclusión, podrían funcionar por separado, pero juntas abren el abanico de posibles espectadores de la cinta. Una buena táctica, aunque la crudeza de algunas escenas sumada al peso moral de hablar de canibalismo mucho me temo que va a dificultar, sino impedir, la distribución del film no sólo en nuestro país sino también en la mayor parte del mercado internacional.