Otro Verano
Historia de una obsesión

Sara y Cano son una pareja de treintañeros que han alquilado un precioso chalet para pasar una cálida semana de agosto. Él es compositor de música pop con un disco que escribir por encargo; ella, una despreocupada hija de familia bien. Los primeros días en la casa de verano son perfectos: Sara toma el sol, Cano trabaja sin esfuerzo, comen y beben, se drogan, hacen el amor… Hasta que los celos soterrados y una inoportuna confesión acaban por enrarecer el ambiente entre ellos.
Una mañana, Cano despierta sin Sara a su lado. La busca sin éxito por toda la casa, por el jardín. Llama a la policía. Sara ha desaparecido sin dejar ningún rastro. Agotadas las opciones lógicas, Cano decide volver a la casa otro verano para repetir los pasos de aquellos días en busca de alguna pista. Necesita desesperadamente una respuesta.
Cada vez son más los directores españoles que, ya sea completamente en solitario o con el apoyo de pequeñas productoras, deciden, no solamente lanzarse a la dura aventura de sacar adelante un largometraje en un país en el que las subvenciones son poco más que un recuerdo lejano, sino que además se lanzan a autoproducir y autodistribuir sus propios proyectos. Es el denominado cine low cost, un término muy en boga en los últimos meses y que probablemente englobaría la interesantísima labor de realizadores como Norberto Ramos del Val (El último fin de semana, Summertime), Carlos Vermut (Diamond Flash), César del Álamo (Buenas noches dijo la señorita pájaro… muy pronto tendremos la reseña en Almas Oscuras), Juanra Fernández (Para Elisa), o quizás el caso más paradigmático - o al menos el de mayor repercusión mediática – , el Carmina o Revienta de Paco León.



