Oblivion

Una nueva y espectacular visión apocalíptica

Oblivion

Hace dos años se estrenó Tron: Legacy ¿La recordáis? En lo que a mí respecta, si no fuese por la brutal banda sonora de Daft Punk ya estaría en los lugares más recónditos de mi memoria. No obstante, había otra cosa que destacar en aquella fallida secuela: la puesta en escena de su director, el novato Joseph Kosinski. Nadie sabe muy bien a quién se le ocurrió darle 200 millones de dólares a un desconocido para que filmase tan osado proyecto, pero Kosinski dio suficientes muestras de inventiva visual; el problema fue el insípido guión. Tal vez porque demostró ser hábil tras las cámaras, Disney ha vuelto a confiar en él para una nueva mega-producción inscrita en la ciencia ficción: Oblivion.

En un futuro planeta Tierra que ha evolucionado hasta ser irreconocible, un hombre se enfrenta al pasado y toma el camino de la redención mientras lucha para salvar a la raza humana. Jack Harper (Tom Cruise) es uno de los últimos mecánicos de aviones no tripulados destinados a la Tierra. Forma parte de una enorme operación dirigida a extraer recursos vitales después de décadas en guerra con la aterradora amenaza que representan los Scavs. Pero la misión de Jack toca a su fin. Recorre y patrulla el cielo a miles de metros de altura hasta que su “elevada” existencia se derrumba cuando rescata a una preciosa desconocida de una nave derribada. Su llegada pone en marcha una serie de acontecimientos que obligarán a Jack a cuestionarse todo lo que sabe y que acabarán poniendo el destino de la raza humana en sus manos.

Stalled

¿El mejor lugar para verse atrapado en mitad del apocalipsis zombi?

Stalled

Es nochebuena, y el encargado de mantenimiento está cambiando bombillas y limpiando baños en lugar de beber ponche y montárselo con la recepcionista borracha durante la fiesta anual que se celebra en la oficina. Por desgracia nuestro protagonista decide usar el baño de señoras segundos antes de estallar el enésimo apocalipsis zombi. ¿Hará frente a la horda de zombis que quieren devorarle las pelotas? ¿O simplemente hará lo mismo que hacía antes del apocalipsis: pasar desapercibido? En cualquier caso una cosa es segura: se encuentra en el lugar perfecto para cagarse de miedo.

No despiertas en un hospital abandonado para darte cuenta de que tu ciudad ha sido invadida por un ejército de infectados que corren que se las pelan. No te escondes en el interior de unos grandes almacenes para intentar evitar lo inevitable. Ni siquiera el Pub Winchester, “el lugar más seguro del mundo”, supone una garantía de salvación. En esta ocasión estás solo, no eres más que un estúpido y fracasado encargado de mantenimiento, y no tienes otro remedio que plantarle cara al destino atrapado entre las estrechas cuatro paredes de una sucia letrina. Atrapado en un lavabo de chicas en mitad de un apocalipsis zombi. ¿Se puede ser más patético?

Cuando tu carne grite basta

Explorando los límites del color

Cuando tu carne grite basta

Martina, una estudiante avanzada de Biología, tras mudarse de su pueblo natal para completar sus estudios, decide emprender una excursión a las afueras de la ciudad en busca de un raro y exótico especimen útil para su investigación. Al no encontrar el ejemplar tras una larga búsqueda, se propone descansar al borde del camino. En ese momento, sus psicóticos nuevos vecinos deciden llevarla hacia un bosque donde, según ellos, se encuentra el especimen que la joven busca. Martina, con normalidad, acepta que la lleven, pero acaba siendo secuestrada y sometida a todo tipo de actos siniestros y truculentos, tanto físicos como psicológicos.

Desde Argentina y de la mano del director y guionista Guillermo Martínez, nos llega Cuando tu carne grite ¡basta!, explícito título para una propuesta que se inscribe de lleno dentro del subgénero del rape&revenge (violación y venganza); un subgénero que en los último años ha tenido una importante presencia gracias a títulos como los remakes de I Spit on your Grave y La última casa a la izquierda, o la también argentina No moriré sola, del prolífico Adrián García Bogliano.

247 Degrees Farenheit

Cuidado con las saunas... las carga el diablo

247 Degrees Farenheit

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

247 Degrees Farenheit

“La siguiente película está basada en un hecho real”.

¿Cuántas veces hemos leído el dichoso mensajito al inicio de una película de terror? Muchas. Demasiadas quizás. Tantas que su credibilidad ha quedado en entredicho, como la promesa de un político de no subirnos los impuestos una vez se instale en el poder.

Pero a pesar de todo el mensaje de marras nos ayuda a deliberar sobre la verdadera naturaleza de una película como 247 Degrees Farenheit: el terror cotidiano. Un terror que surge del convencimiento de que ninguno de nosotros estará nunca del todo a salvo. Una serie de pequeñas catástrofes, en ocasiones originadas de manera absolutamente casual e involuntaria, pueden dinamitar esa pequeña parcela de seguridad y certeza que nos procuramos día a día (nuestra, en ocasiones repudiada, pero tan necesaria, cotidianidad) y provocar, por las razones más insospechadas, que nuestra vida acabe pendiendo de un hilo. La seguridad y la certeza nunca son conceptos absolutos, y la mala fortuna puede estar confabulando en nuestra contra justo a la vuelta de la esquina.

Lo mejor: A pesar de no aportar nada nuevo, la película en ningún momento se hace insufrible.

Lo peor: Excesivamente rutinaria.