The Divide

El hombre sigue siendo un lobo para el hombre

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The Divide

Alexandre Aja, Fabrice Du Welz, Julien Maury y Alexandre Bustillo, Pascal Laugier… Les seguimos los pasos, a todos ellos, muy de cerca. Supongo que nadie se extraña de ello. Estos tipos fueron los artífices de la llamada Nouvelle Horreur Vague, un movimiento espontáneo surgido a principios del s.XXI que colocó a nuestro país vecino – Francia – en una posición privilegiada dentro del panorama del género gracias a títulos tan extraordinarios como Alta Tensión, À l’Interieur, Martyrs o Calvaire.

Y Xavier Gens, desde luego, se ganó a pulso el derecho a entrar en tan distinguido club social gracias a Frontiers, una revisitación de La Matanza de Texas tan escasamente original como tremendamente divertida. Con una sola película, oda a la brutalidad y violencia desatadas (atención a sus últimos 20 minutos), Gens logró ganarse las simpatías de los aficionados al género de medio mundo. De manera que, como al resto de sus compatriotas, un servidor siempre ha seguido muy de cerca los movimientos del director galo.

Lo mejor: El inicio y la fuerza visual que Xavier Gens le imprime a la película.

Lo peor: Le sobra metraje. Hay un momento en que el discurso se hace repetitivo y prima la forma sobre el contenido.


Slaughtered

¿Nos tomamos la última?

Slaughtered

Un nuevo trabajador se une al personal de un aislado bar en una zona rural de Australia. La tensión sexual va en aumento al mismo ritmo en que empiezan a aparecer los primeros cadáveres. Mientras, algo terrorífico se esconde en la bodega… La realidad pone de manifiesto como, uno por uno, el personal del bar mueren de una manera espantosa, dejando a Jamie sola en una desesperada lucha por sobrevivir.

Henry, retrato de un asesino

Testigos del terror real

Henry, retrato de un asesino

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Henry, retrato de un asesino

En los ochenta, el cine ya nos había dado a conocer a muchos asesinos en serie. Sobre todo a raíz del sorprendente éxito de La matanza de Texas (1973) y La noche de Halloween (1978), así como todos sus alumnos posteriores, con Viernes 13 (1980) y Pesadilla en Elm Street (1984) a la cabeza, se trató de una etapa del celuloide en la que los cuchillos de tamaño gigantesco o las moto sierras vestidas de sangre campaban a sus anchas. Pero ninguna de ellas hablaba del asesino común; del tipo corriente que te encuentras por la calle, en el trabajo, con el que charlas en el bar. Lo que estaba de moda eran los matarifes sobrehumanos, los superhombres de increíble estatura y/o rostros monstruosos. Aquellos locos a los que, por mucha caña que les dieran, en el último minuto regresaban para dar el susto o despejar el camino para otra secuela. En dichas décadas y en anteriores hubo excepciones, claro, pero quizá fue Henry, retrato de un asesino la que encaró, de una vez por todas, el horror de lo cotidiano a través de los ojos de un psicópata tal cual, sin edulcorantes ni colorantes.

Henry, enemigo de la censura

Lo mejor: La puesta en escena directa y al grano de John McNaughton, que nos hace testigos en primera persona de lo que sucede y la perfecta encarnación del psicópata por Michael Rooker.

Lo peor: Que alguien pretenda verla como otro exploit con psycho-killer, o que el aluvión de cine violento e híper-realista de los últimos años haga pensar que ha quedado desfasada.


The Pact

Mamá... ¿quién hay detrás tuyo?

The Pact

Siguiendo los pasos de su madre recién fallecida, las hermanas Nicole y Annie se ven obligadas a regresar al hogar en el que pasaron su tormentosa infancia. Anne empieza a buscar entre las pertenencias de su difunta madre alguna pista que le proporcione respuestas sobre su vida en la casa, cuando de pronto encuentra una fotografía de su madre con una extraña y desconocida mujer tras ella. Tras ver la fotografía Anne empieza a sentir una extraña presencia en la casa.