Has filtrado por autor: RedRum

Backcountry

No le toques los huevos al oso

Backcountry

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Backcountry

Desde la irrupción Open Water (2003), un survival basado en hechos verídicos que en su día fue catalogado como “una de las películas más impactantes proyectadas en Sundance”, nació un nuevo modo de ver el subgénero caracterizado por una mayor transcendencia a los elementos anexos - casi siempre olvidados – , anteponiéndolos incluso al propio terror en sí. En la mencionada Open Water, el drama, la inhospitalidad, el poder de la naturaleza y el realismo, dejaban a la amenaza (escualos hambrientos) completamente marginada a unos últimos y míseros minutos de lucimiento. Esto abrió la veda a una polarización del público; por un lado los decepcionados, probablemente guiados por las excelentes críticas y que esperaban ver en Open Water al nuevo Tiburón; y los sorprendidos, que encontraron en ella un efectivo drama llevado al límite – personalmente yo me encuentro entre los decepcionados, y siempre he considerado la película como un auténtico plomo fallido que jamás volveré a ver… Aunque reconozco que para su pequeño presupuesto, está muy lograda – . En cualquier caso es innegable que fue un auténtico “boom”; se me ocurren cientos de películas posteriores de similares características desde El arrecife, Black water, Primeval o Frozen (Bajo Cero)…, e incluso thrillers como Donkey Punch o Wolf Creek. Pues bien, ahora con Backcountry llega el debut del peludo grizzly.

Lo mejor: cuando el oso ataca, es un peliculón.

Lo peor: cuando el oso no ataca, dan ganas de cortarse las venas (cuesta creer que esté hablando de la misma película).


Cub

El honor de un slasher

Cub

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Cub

Con la belga Cub – galardón a la mejor dirección en el Festival de Sitges y recién salida de la programación del Tiff – retomamos aquellos casposos slashers de antaño (gloriosos años 80), en especial los relacionados con los campamentos de verano, siendo Viernes 13 el gran éxito taquillero que coronó aquella tendencia. Una finalidad revival similar a la que persiguió en su momento el soporífero slasher pseudo-musical Stage Fright, aunque en realidad Cub tampoco le gira la espalda a slashers mucho más cercanos en el tiempo, de manera que sagas como la de Wrong Turn y, como no, la extensa sombra de Saw se encuentran muy presentes durante todo el trayecto que experimentamos en Cub. De hecho, resulta complicado hablar de Cub sin reconocer los méritos de una saga como Saw (a pesar de la saturación y el rechado que suele provocar entre buena parte de los aficionados) o sin mencionar slashers ochenteros del calibre de la mencionada Viernes 13, Sleepaway Camp o sucedáneos. Cub es una perfecta mezcolanza entre lo viejo y lo nuevo… tanto para bien como para mal.

La historia gira en torno a la pesadilla de campamento de verano del pobre Sam, un joven boyscout que sufre la humillación y el vilipendio contínuo tanto de sus compañeros como de sus instructores – vamos, todo un cliché el muchacho – , además de sufrir el acoso de un misterioso personaje cuya identidad, obviamente, no desvelaré. A la par que muchos de aquellos slashers ochenteros a los que os hacía mención, Cub también esconde mucho factor psicológico de pacotilla, muy mal desarrollado y con muchas lagunas, probablemente con la única intención de sorprender al espectador más despistado. El problema es que la película se anda durante mucho tiempo por las ramas, construyendo con esmero sus clichés y jugando con la ambivalencia de sus personajes de un modo muy vago, en lugar de centrarse en ofrecer, cuanto antes, casquería fina y tensión, que al fin y al cabo es lo que, en realidad, se le da de auténtico vicio. No obstante, y a pesar de que tarda más de lo deseado (padeciendo, en determinados momentos, un ritmo algo lento), la mala leche llega… y es bien recibida. Finalmente todo queda bien hilvanado: los clichés, el factor picológico y la mala leche; dejando constancia de que Cub no se anda con tonterías y que, cuando arranca, deja demostrado, con creces, que se trata de una efectiva película de terror.

Lo mejor: las muertes son geniales, completamente inesperadas… un soplo de aire fresco.

Lo peor: el guión es un poco esperpéntico y algo previsible. Podría haber sido una de las películas del año.


The Midnight Swim

Una droga de otro mundo

The Midnight Swim

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

The Midnight Swim

A veces es realmente difícil explicar porqué nos gusta una película que, teóricamente, no debería hacerlo. Han pasado más de cinco años desde que se estrenó Lake Mungo, un drama/documental de ritmo algo lento, plomizo, en el que se entremezclaban fantasmas con lazos familiares de un modo tremendamente psicológico bajo la sempiterna apariencia de un found footage, formato que empezaba, por aquel entonces, a estar en boga. A pesar de su ritmo, no solo me gustó Lake Mungo sino que además, a groso modo, me aventuraría a afirmar que, de algún modo, la película inició una tendencia muy particular dentro del subgénero found footage. Películas como Toad Road o la presente The midnight swim son paradigmas que hacen patente dicha afirmación: películas en las que el principal objetivo es explorar la psique del ser humano.

The Midnight Swim es un drama ambiguo, de ritmo también muy lento, pero que de algún modo logra apasionar, estremecer y enamorar. Lake Mungo y los fantasmas, Toad road y el infierno y The Midnight Swim y la muerte. Hay un componente muy real en todas estas películas, pero sobre todo en el caso de The Midnight Swim con cuyo sustrato, de algún modo, es mucho más fácil identificarse: la muerte. A lo largo de nuestro camino vital siempre existe un temor manifiesto a la muerte; y no solo por la nuestra propia, sino también por la de las personas que nos acompañan en la vida. De ahí nace la obsesión de June (Lindsay Burdger) por descubrir qué hay más allá de las desapariciones que acontecen en el lago - en concreto tras la desaparición de su madre – . Dicha obsesión la empujará a sumergirse dentro de un lugar más allá de la muerte y grabarlo todo para contárnoslo. En cierto modo es una curiosidad vital… ¿Quién no desearía conocer lo que hay más allá de la muerte (y más cuando te encuentras en una situación de completa agonía)?

Lo mejor: TODO.

Lo peor: aunque el ritmo no esté de nuestra parte, honestamente, NADA.


Goodnight Mommy

¡Arde, mami, arde!

Goodnight Mommy

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Goodnight Mommy

¿Es posible confundir a tu propia madre con un extraterrestre? Pues aunque parezca imposible, Goodnight Mommy ha hecho esa pesadilla real. Directamente consigue que veas pájaros donde no los hay durante 95 minutos de pura angustia en los que el espectador olvidará la realidad y vivirá inmerso en el mundo de fantasía y pesadilla de los niños. Eso es exactamente, para mí, Goodnight Mommy. De pronto dejé de ser adulto; medía medio metro, estaba perdido en un maizal y me dejaba guiar por la mágica sensación de la ingenuidad.

Es curioso, pero en ningún momento podríamos afirmar que Goodnight Mommy es una película “original”. Su leitmotiv básicamente radica en un malentendido disparatado que degenera en la maldad de los supuestos seres más inocentes de la Tierra: los niños. Maldad que hemos visto representada cientos de veces en pantalla con miles de formas distintas, desde el clásico de Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño? (1976), La profecía (The Omen, 1976) y con especial hincapié en la pragmática y veleidosa Rhoda, la cría pedante del clásico Mala Semilla (1956). Sin embargo Goodnight Mommy da un paso más allá en su análisis psicológico sobre la maldad infantil, hasta el punto que lo que debería ser una locura de película de terror que en primera instancia no debería haber existido, es un estudio absolutamente creíble, muy visual y mucho más real y analítico de lo que jamás hubiera imaginado. Goodnight Mommy es el perfecto ejemplo de que, en la mayoría de ocasiones, lo que realmente importa no es que lo que se cuente esté muy manido, sino lo notable que puede llegar a ser el cómo se cuenta, y si se hace de un modo inteligente y original.

Lo mejor: Todo. Una patada en los huevos

Lo peor: El momento cruz roja… si pretendían homenajear a À l'intérieur: objetivo conseguido.