Tenemos que hablar de Kevin
El mal innato

- Título original: We Need to Talk About Kevin
- Nacionalidad: Reino Unido, Estados Unidos | Año: 2011
- Director: Lynne Ramsay
- Guión: Lynne Ramsay
- Intérpretes: Tilda Swinton, Ezra Miller, John C. Reilly
- Argumento: Eva, cercana a los cuarenta, tiene por fin un hijo, aunque en realidad no lo desea. El niño se comporta de un modo extraño con todos, pero sobre todo con ella…
| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 4/5

Durante la historia del cine unas cuantas películas nos han avisado de que los niños pueden no ser esos seres angelicales que muchos adoran. Recientemente hemos tenido oportunidad de verlo en las magnificas The Children (2008) y La huérfana (2009), en la fallida Dictado (2012) o la mediocre Los chicos del maíz (2009), remake del pequeño clásico homónimo de 1984. Claro que, pocas de ellas ha pretendido indagar en algo poco común en el cine cuando hablamos de niños: el mal innato. A veces es por un virus, otras por posesiones de toda índole o por ser hijos del señor de las tinieblas, otras simplemente porque al chavalín se le cruza un cable por malas experiencias pasadas, o también porque a unos desesperados padres se les ocurrió enterrarlo en un siniestro cementerio. Y entre todo esto, muy habitual, sobre todo en los últimos años, las películas que con un giro inesperado nos develan que, por diversos motivos, no había maldad en esos niños o que no eran tan niños. Ahora, Tenemos que hablar de Kevin nos anima a entender el subgénero desde una óptica muy diferente y mucho más terrorífica.
No, no hablamos de una película de terror. Al menos no un terror cinematográfico. Tenemos que hablar de Kevin es un radiografía del mal. El ser humano tiende a dar por hecho que si otro ser humano comete un asesinato, debe haber una explicación detrás de sus actos. Puede que esté loco o puede que no. El caso es que debe haber, a lo largo de su vida, acontecimientos que le han llevado a tan cruento destino. Cuando vemos niños que van un poco más allá de la travesura, lo que nos viene a la cabeza es “uf, que malo le ha salido el niño” o “que carilla de malo tiene el chaval”. Pocas veces nos paramos a pensar que esa mirada, esa malévola sonrisa, podría ser el mal innato, la perdida de la inocencia desde el primer minuto de vida. Algo inexplicable, pero no por ello imposible. Presuponiendo la inocencia a tempranas edades, se dejan pasar actitudes que, en el futuro, pueden ser fatales. Las mismas familias acomodadas y con tendencia a evadir los problemas ceden ante dicha raíz, no creando monstruos, sino dejando que estos jueguen a su antojo. Sin olvidarnos de otros temas políticamente incorrectos como las consecuencias del miedo a la maternidad y los embarazos no deseados.
Lo mejor: Las sobresalientes interpretaciones de Tilda Swinton y Ezra Miller, la poderosa puesta en escena de Lyanne Rampsay y el modo directo y sin trampas de encarar la posibilidad del mal innato en cualquier ser humano.
Lo peor: Que se aproveche poco a un gran actor como John C. Reilly y que su tempo pausado e inicio aparentemente confuso puedan echar para atrás a más de uno.




