Dark Feed

Regreso al hospital del terror

Dark Feed

La historia de Dark Feed nos lleva hasta un lúgubre hospital psiquiátrico abandonado y con un oscuro pasado, en el que un equipo de cineastas se prepara para filmar una película de terror de bajo presupuesto. Por las noches, la falta de sueño les pasa factura. Las instalaciones no funcionan, el edificio tiene goteras, y la humedad parece estar volviendo a la vida, alimentándose de sus nuevos habitantes.

Michael y Shawn Rasmussen, guionistas de The Ward, la última película, hasta la fecha, del gran maestro John Carpenter (que pasó casi de puntillas tanto por la penúltima edición del Festival de Sitges como en su distribución en el mercado doméstico de nuestro país), debutan en el cine con Dark Feed.

Vuelven los zombis nazis

Confirmada la secuela... ¡En 3D!

Vuelven los zombis nazis

A punto de estrenar en cines su salto a Hollywood, Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, el noruego Tommy Wirkola ha decidido volver a lo que, en principio, mejor sabe hacer. Y es que el director de la sangrienta Dead Snow (2009), en España conocida con el más explicito Zombis nazis, se dispone a retomar la historia que le dio a conocer. Así, pese a que Wirkola ya había dado muestras anteriormente de su interés por dirigir una secuela, no ha sido hasta una entrevista para la promoción de la citada H&G que ha confirmado que incluso tiene el guión listo para comenzar a rodar el próximo invierno.

¿Sobre el argumento? Pues se sabe que la acción empezará justo donde acabo la primera. Según el director, tendrá un ritmo frenético de principio a fin (recordemos que en la primera hasta que empezaba lo bueno teníamos que aguantar alrededor de 40 minutos poco alentadores) y contará como novedad con la posibilidad de verla en 3D para que la fiesta de tripas y desmembramientos sea más intima y cercana.

El último exorcismo 2

Cartel, nuevas fotos y primer trailer

El último exorcismo 2

Tardaban, pero ya circula por la red el primer trailer oficial de The Last Exorcism Part II, que es como se titulará finalmente The Last Excorcism 2: The Beginning of the End. ¿Y qué se puede esperar una vez visto? A ver, no es que las expectativas previas fuesen exactamente entusiastas. El último exorcismo (2010), pese a convertirse en una película altamente rentable, no despertó tantos comentarios positivos como para pensar en continuaciones, pero los billetes son los billetes. En mi opinión, una película interesante en su primera mitad que se va deshinchando a continuación hasta llegar a un clímax con giro argumental decepcionante.

La cosa es que, seguro que para sorpresa de unos cuantos, el trailer revela una novedad por encima de todas: el manoseado formato mockumentary es sustituido por el convencional. Es decir, la secuela no intentará colarnos el rollo realista en clave documental, sino que será una de exorcismos en celuloide de toda la vida. Claro que, esto tampoco es motivo para hacerse ilusiones. Y es que precisamente en la anterior, el formato de falsa realidad era una de las cosas que la hacía interesante dentro de la monotonía imperante en el subgénero desde poco después del boom de la obra maestra El exorcista (1973). A juzgar por las imágenes a las que ya podemos acceder, no parece que haya intentando innovar en lo más mínimo.

Tenemos que hablar de Kevin

El mal innato

Tenemos que hablar de Kevin

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Tenemos que hablar de Kevin

Durante la historia del cine unas cuantas películas nos han avisado de que los niños pueden no ser esos seres angelicales que muchos adoran. Recientemente hemos tenido oportunidad de verlo en las magnificas The Children (2008) y La huérfana (2009), en la fallida Dictado (2012) o la mediocre Los chicos del maíz (2009), remake del pequeño clásico homónimo de 1984. Claro que, pocas de ellas ha pretendido indagar en algo poco común en el cine cuando hablamos de niños: el mal innato. A veces es por un virus, otras por posesiones de toda índole o por ser hijos del señor de las tinieblas, otras simplemente porque al chavalín se le cruza un cable por malas experiencias pasadas, o también porque a unos desesperados padres se les ocurrió enterrarlo en un siniestro cementerio. Y entre todo esto, muy habitual, sobre todo en los últimos años, las películas que con un giro inesperado nos develan que, por diversos motivos, no había maldad en esos niños o que no eran tan niños. Ahora, Tenemos que hablar de Kevin nos anima a entender el subgénero desde una óptica muy diferente y mucho más terrorífica.

No, no hablamos de una película de terror. Al menos no un terror cinematográfico. Tenemos que hablar de Kevin es un radiografía del mal. El ser humano tiende a dar por hecho que si otro ser humano comete un asesinato, debe haber una explicación detrás de sus actos. Puede que esté loco o puede que no. El caso es que debe haber, a lo largo de su vida, acontecimientos que le han llevado a tan cruento destino. Cuando vemos niños que van un poco más allá de la travesura, lo que nos viene a la cabeza es “uf, que malo le ha salido el niño” o “que carilla de malo tiene el chaval”. Pocas veces nos paramos a pensar que esa mirada, esa malévola sonrisa, podría ser el mal innato, la perdida de la inocencia desde el primer minuto de vida. Algo inexplicable, pero no por ello imposible. Presuponiendo la inocencia a tempranas edades, se dejan pasar actitudes que, en el futuro, pueden ser fatales. Las mismas familias acomodadas y con tendencia a evadir los problemas ceden ante dicha raíz, no creando monstruos, sino dejando que estos jueguen a su antojo. Sin olvidarnos de otros temas políticamente incorrectos como las consecuencias del miedo a la maternidad y los embarazos no deseados.

Lo mejor: Las sobresalientes interpretaciones de Tilda Swinton y Ezra Miller, la poderosa puesta en escena de Lyanne Rampsay y el modo directo y sin trampas de encarar la posibilidad del mal innato en cualquier ser humano.

Lo peor: Que se aproveche poco a un gran actor como John C. Reilly y que su tempo pausado e inicio aparentemente confuso puedan echar para atrás a más de uno.